Martes 10.02.2009
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En medio de tantas noticias negativas hay que felicitarse de que alguna lo sea en positivo. Más si es del calibre como la que estos días protagonizó el ministro José Blanco. No cabe duda que la del AVE, y las infraestructuras en general, lo son. Hay que alegrarse de que, al fin, veamos el final de un largo túnel del que parecía imposible salir. Fueron tantos los aplazamientos, promesas incumplidas y tomaduras de pelo que la mayoría habíamos perdido la esperanza de que en un plazo razonable pudiéramos equipararnos al resto de España en comunicaciones por ferrocarril. El ministro gallego está cumpliendo lo que había prometido. No nos duelen prendas decirlo. Antes de fin de año estarán licitados todos los tramos entre Ourense y Lubián. Era el escollo principal para garantizar que Galicia estará conectada con el resto de España, y de Europa, por ferrocarril de alta velocidad en un plazo razonable, fijado para 2015. Pero una vez que las obras se ponen en marcha, un año más o menos es secundario. Esta semana se producía un hecho de gran importancia. La conexión entre Santiago y A Coruña. El propio Blanco, en un gesto que demuestra su calidad humana y política, recordó que fue Fraga quien lo inició hace ya nueve años.
También hay que destacar el avance en la autovía entre Santiago y Lugo, con el inicio de las obras entre Lavacolla y Arzúa, y entre Guntín y Palas de Rei. Asimismo, el compromiso en torno al puerto exterior de A Coruña. Todo ello es mérito personal del ministro gallego. Hasta que él llegó los proyectos estaban guardados en un cajón, recordemos.
También hay que alabar el comportamiento de la Xunta. El Pacto del Obadoiro se cumple por ambas partes. Desde el encuentro con Feijóo el AVE ha dejado de ser motivo de disputa política. Esto ayuda a generar un clima favorable, imprescindible para vencer los obstáculos aún por superar, y que son muchos. Estamos en el buen camino.

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