Martes 10.02.2009
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Resulta preocupante que a un joven gallego haya que duplicarle su salario para garantizarle el acceso a una vivienda digna. Para que la hipoteca no le devore más del 60% de sus ingresos, debe optar a micropisos en las afueras, a kilómetros de su lugar de trabajo, y hacerse a la idea de que para cuando acabe de cumplir con el banco y el piso por fin sea suyo, ya estará jubilado. Menudo panorama.

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