Martes 10.02.2009
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Tras esta última tractorada, queda una doble sensación. La fundamental es que lo que piden los ganaderos es justo. No lo sería si hubiera sido éste un sector inmovilista, aferrado a una cultura de producción antigua, remiso ante la innovación. No ha sido así. Entre las muchas modernizaciones asombrosas que ha experimentado Galicia en estos últimos años, la agraria es sin duda la más sorprendente, y en ocasiones también la más desconocida. Los ganaderos, en fin, sufren una situación que no han provocado. Pero la segunda de las sensaciones también nos dice que la solución no es nada fácil, teniendo en cuenta las pautas de la Unión Europea. Las administraciones pueden y deben convocar mesas de diálogo; sin embargo, no está en su mano sustituir a las partes que contratan la compra del producto, ni tampoco intervenir los precios. Aunque sea esa la petición que late en algunas demandas, no queda más remedio que recordar que es imposible. Sí lo es que las empresas entiendan que el ocaso del campo es también el suyo.

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