Martes 10.02.2009
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Mal vamos si el localismo se contagia a la Universidad. Puede entenderse, nunca justificarse, este proceder egoísta en otros ámbitos de la actividad humana, en niveles más primarios, pero resulta incompresible y detestable que se produzca con tanta virulencia en el universitario. Da escalofrío que las instituciones encargadas de impartir conocimiento y de promover la salud intelectual de la sociedad muestren comportamientos tan poco edificantes, a los que se suma la clase política.
Como en todo, pensemos y actuemos con sentido común. La enseñanza de la Medicina la imparte la Universidade de Santiago. Por lo tanto, le corresponde seleccionar el profesorado, incluidos los famosos PAC (profesores asociados clínicos) que ejercen su labor docente también en los hospitales de A Coruña y Vigo. Si quiere cambiarse el modelo, pónganse antes de acuerdo los tres rectores pues son, o deberían ser, personas sensatas. Igual que los alcaldes de Santiago y A Coruña quienes, más estando en el mismo partido, deberían comportarse con objetividad y altura de miras, así como los conselleiros de Educación y Sanidade cuyos desvelos deben ser impartir una buena enseñanza y lograr la mejor sanidad, en consonancia con el interés general del país.
Si estos organismos y sus cabezas rectoras no son capaces de ponerse de acuerdo en cómo y dónde formar a los médicos, tendrá que ser el presidente Feijóo quien tome cartas en el asunto, atendiendo a la realidad existente y dejando los experimentos para épocas de alegrías económicas. Porque, no nos engañemos, lo que algunos pretenden es segregar los estudios de medicina con criterios puramente localistas, alejados de la razón, debilitando una Facultad de prestigio y que lo es de toda Galicia. Hay que hacer lo contrario: potenciarla para mejorar docencia e investigación; y para que doctore grandes profesionales. Lo demás es marear la perdir y tomar el pelo de manera irresponsable a todos los gallegos.

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