El Correo Gallego

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EDITORIAL

Martiño Noriega y las cuentas de la lechera

13.10.2017 
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CUANDO CREÍAMOS COLMADA nuestra capacidad de asombro, Compostela Aberta siempre es capaz de darle una vuelta de tuerca más, de dejarnos boquiabiertos con otro triple salto mortal. Este vez ha ensayado el más difícil todavía en el circo de Raxoi con su pretensión de convertir en un éxito su palmaria incapacidad para ejecutar el 78 % -¡nada más y nada menos!- de los presupuestos municipales de 2016. Suena a tomadura de pelo que María Rozas saque pecho por la rebaja de la deuda, el aumento de los contratos de mantenimiento y el resultado positivo de tesorería, mientras a 31 de diciembre del año pasado había en caja 22 millones de euros acumulando polvo y se les debía 21,3 millones a los proveedores. Quizás a la concejala de Facenda esto le parezca un "resultado positivo de tesourería" (sic) digno de aplauso, pero los portavoces de la oposición y cualquier santiagués con dos dedos de frente lo interpretan como lo que es: la constatación de una escandalosa ausencia de gestión, aderezada con una sonrojante falta de transparencia. Autoaplaudirse por una ejecución presupuestaria que a duras penas llega al modestísimo techo del 22 % es un insulto a la ciudadanía, y una muestra más de que Martiño Noriega y su equipo viven en una realidad paralela, instalados en los mundos de Yupi mientras la ciudad sobrevive a trancas y barrancas. ¿Cómo puede presumir Compostela Aberta de buena gestión cuando sus ediles no consiguen completar siquiera el 50 % de programas tan básicos para el bienestar vecinal como los de protección del patrimonio, mejora de caminos, medioambiente, instalaciones deportivas o mercados? Por no hablar del programa de vivienda social, en el que quedó sin invertir el 98,3 % del presupuesto, o el de ayudas a las asociaciones sin ánimo de lucro, cerrado con una ejecución del 44 %. Allá el alcalde y CA con su esperpéntica agit-prop, pero deben saber que no engañan a nadie ya, que ningún grupo de la oposición apoya sus cuentas (de la lechera), y que la ciudadanía está escandalizada con su incapacidad -que por ahora sufre en silencio- para gestionar la vida de la capital. Es lo que hay: aplausos, cero; indignación toda. Con media legislatura tirada a la basura.