Martes 10.02.2009
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EN UN SISTEMA POLÍTICO como el que por fortuna nos toca vivir, la libertad de empresa es uno de sus principales fundamentos. Los propietarios de una sociedad mercantil son libres para decidir lo que más conviene a sus intereses. Aquí es donde radica el éxito de la economía de mercado. Sin embargo, los gobiernos como responsables del interés general deben tomar las medidas, si fuere preciso, para que determinadas decisiones no generen perjuicios a un país o comunidad. Es el caso de Reganosa, una empresa creada con ayudas públicas y en la que la Xunta mantiene un significativo paquete accionarial. Habría que recordar además que la planta gasificadora es vital para el equilibrio energético en la península. Su nacimiento estuvo plagado de vicisitudes por la presión de intereses foráneos para que no se instalase en Galicia. Vencida la resistencia gracias al empuje de un empresario, Roberto Tojeiro, arropado por los diferentes gobiernos de la Xunta, corre ahora el peligro de caer en manos no gallegas, con un incierto futuro. En esta tesitura, es acertada la actuación del empresario y de la Xunta tratando de mantener su galleguidad. No es fácil. El proceso de fusión de las cajas hace que éstas prioricen en estos momentos el saneamiento de su negocio sobre cualquier otra cuestión. Una vez despejadas las incógnitas, la nueva entidad financiera deberá volcarse en ésta y otras operaciones que fortalezcan el tejido empresarial gallego. Galicia es una potencia energética. Posee recursos e infraestructuras como ninguna otra parte de España. Sin embargo, por una serie de decisiones de índole político existe el peligro de perder esta condición. Corren malos tiempos para las térmicas a causa de la decisión del Ejecutivo central de primar determinado tipo de carbón, así como para la eólica por la reducción de primas a la producción de esta energía. Si ahora llegara a peligrar la planta de Reganosa, resultaría que nuestros recursos naturales, igual que los astilleros de Astano, paradójicamente pasarían a la categoría de activos ociosos. Al igual que se lucha denodadamente para mantener un sistema financiero gallego, para que la autopista del Atlántico vuelva a ser de titularidad autonómica, para que se finalicen las grandes infraestructuras viarias, también debe crearse un frente común con el objetivo de que Galicia conserve el dominio sobre sus fuentes energéticas. En los últimos años han sido demasiadas las empresas que perdieron, primero el título de gallegas y después todo lo demás. Gobierno y Xunta luchan por Mitsubishi. Con igual o más fuerza si cabe deberían hacerlo por Reganosa.

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