Martes 10.02.2009
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Con su ingreso en un centro de menores de Ourense, se resuelve momentáneamente el caso, pero no se termina el debate. ¿Será peor el remedio que la enfermedad? ¿Puede tratarse la obesidad del chaval, sin tener en cuenta el impacto psicológico de la separación de sus padres? La prueba de que no hay respuestas concluyentes es que más de un psicólogo ha discrepado con la medida acordada por la Administración autonómica. También hay que reconocer que la inhibición de la Xunta podría traer consigo problemas. Si le sucediera algo al niño ourensano, buena parte de la opinión pública cargaría contra la consellería y la fiscalía por su dejadez. Algo de eso ya sucedió en casos parecidos. En definitiva, no es fácil encontrar el punto medio. El chaval ya está internado; al parecer el régimen de permanencia se decidirá después de que le practiquen las pruebas preceptivas. Solo hay que desear que la Administración y el fiscal hayan acertado con su decisión. Y que no sea necesario hacer lo mismo en el futuro con ningún otro crío.

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