Martes 10.02.2009
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Son tantos y tan nefastos los ejemplos, que cada vez que se escucha a un representante político hablar de ordenar el litoral es para echarse a temblar, o escapar, según los casos. En su inveterado afán por ponerle puertas al campo, sea en sentido físico o figurado, no se han dado cuenta que la mano del hombres es bastante menos imperfecta que la de la propia naturaleza que, además, se muestra difícilmente dominable. Ahora se habla de ordenar el litoral en Corrubedo, como si hubiera proyecto alguno capaz de superar la magnificencia de sus dunas o sus acantilados en su estado natural. Pero, además, lo que se pretende es un estacionamiento en el litoral. ¿No es para echarse a correr?

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