Martes 10.02.2009
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Afalta de unas horas para la clausura de la cumbre de Copenhague y del acuerdo que finalmente salga de allí, la sensación no puede ser sino de pesimismo. Pesimismo porque el problema del calentamiento global parece tomarse bastante a la ligera por parte de los líderes mundiales, quienes en vez de poner sobre la mesa medidas para atajar el problema, prefieren utilizarlo como arma arrojadiza.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado