Martes 10.02.2009
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DECÍA Ortega y Gasset que hay problemas que se pueden solucionar y otros que simplemente hay que sobrellevar. Aunque el filósofo no tenía vinculación alguna con el sector lácteo gallego, su sentencia es válida para aplicar a los endémicos problemas que plantea. ¿Cuántos años llevamos con los conflictos ganaderos a cuestas? ¿Cuántos intentos de solución han acabado en agua de borrajas? ¿Cuánto tiempo lleva siendo el famoso grupo lácteo gallego un mito inalcanzable? Ayer se iniciaron las acciones de protesta y hoy se reúne la Interprofesional Láctea, pero el ambiente que reina no es de optimismo. Para empezar, cuando el conselleiro de Medio Rural pide acuerdos a la francesa, no debe ignorar que la organización del sector es muy diferente en Galicia y en el país vecino. Aquí sigue primando el individualismo, que no da mal resultado cuando la situación es boyante, pero que priva de fuerza de interlocución a los productores cuando vienen mal dadas. Otra consideración se refiere a los actores que intervienen en el problema. El mismo Samuel Juárez introduce oportunamente uno que estaba siendo olvidado: las poderosas empresas de distribución que condicionan, con su agresiva política comercial, a la industria. El distribuidor presiona a la marca láctea, que a su vez traslada la presión al ganadero. Pero hay un cuarto elemento que, a su vez, actúa sobre el centro comercial, y al que no podemos olvidar en esta cadena de responsabilidades. Nos referimos al consumidor. La mayoría quiere un producto barato, sin preocuparle el precio que se paga en origen, o si la leche del envase fue obtenida aquí o allá. ¿De verdad creemos que aceptaría pagar un sobreprecio por solidaridad con el sector? Quizá el filósofo tenga la clave del problema.

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