Martes 10.02.2009
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Aunque lo haya sufrido nuestro amigo Roberto Blanco en primera persona, el explosivo iba dirigido contra todos. Es un atentado contra la forma de ser de este país, contra su libertad, contra su tolerancia, contra su capacidad proverbial para tender puentes entre opiniones diferentes. Resulta paradójico que los presumibles autores del delito hayan hecho de Galicia su excusa, cuando son en realidad lo menos gallego que imaginarse pueda. Su rabia procede de su aislamiento. Saben que el pueblo los desprecia y por eso, si pudieran, pondrían una bomba en la puerta de cada ciudadano para vengarse. Han elegido a un colega que es, para muchos, un ejemplo académico, periodístico y sobre todo vital. Desde la tarima universitaria, los libros o las columnas, sus palabras expresan libertad, y esa libertad subleva a los fanáticos. Son pocos, se nos dice. Razón de más para exigir de las autoridades correspondientes una actuación rápida que los lleve a pagar sus culpas. Han atentado contra la libertad de todos.

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