Martes 10.02.2009
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Figurar en los primeros puestos del ranquin mundial supone, referido a la tortilla más grande o bagatelas por el estilo, la particular autocomplacencia de quien no tiene nada más productivo que hacer. Conseguir ese puesto para nuestros centros de conocimiento representa, por contra, abrir la espita de los beneficios económicos por el poder añadido que genera la investigación y el saber. Y justo ahora, cuando todos demonizan el actual sistema productivo del ladrillo que nos llevó a la crisis, las autoridades políticas gallegas se encaminan por las sendas opuestas a lo que aconsejan todos los organismos mundiales de asentar nuestra productividad en el saber y las patentes que genera. Es decir, I+D+i. Por eso es absolutamente impresentable que cuando las universidades gallegas -más, la compostelana- sufren un inadmisible recorte presupuestario por parte de la Xunta, sus representantes, en vez de mostrar su enérgica protesta, se enfrasquen en disquisiciones sobre el momento oportuno de unas elecciones claustrales en remedo de la no menos lamentable decisión política de buscar duplicidades de títulos para complacer expectativas electorales. Es decir, un nuevo "Que inventen ellos". Resulta indignante.

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