El Correo Gallego

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EDITORIAL

Sombras en la recuperación

07.10.2017 
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¿RECUPERACIÓN? SÍ, PERO... La economía crece con fortaleza en el territorio del 3 %, mejoran la producción y el empleo, la confianza de los consumidores regresa a niveles más que aceptables, y sin embargo el maná del crecimiento continúa sin llegar al conjunto de los hogares. La realidad nos dice que la recuperación no estará consolidada mientras 65.000 hogares gallegos todavía tengan que pedir ayuda a familiares o amigos para llegar a fin de mes, mientras el nuevo empleo que se genera sea precario y mal pagado, y mientras los salarios continúen congelados tras la salvaje devaluación de la Gran Recesión. Sobrevuela la radiografía del Instituto Galego de Estatística el letal fantasma de la desigualdad. La comparación con los datos del año pasado muestra una ligera mejoría, insuficiente en cualquier caso, porque aunque hay menos familias en dificultades, hay más que compran marcas blancas para ahorrar, hay más que no se pueden permitir ningún extra ni imprevistos, hay más que han tenido que recortar gastos en ropa, calzado o transporte. Casa mal con la evidente recuperación del escenario macroeconómico que más de la mitad de los hogares gallegos sufra para llegar a fin de mes. La asignatura del crecimiento no la aprobaremos -llevamos años advirtiéndolo y lo repetiremos hasta la saciedad, si es necesario- si el mercado laboral se instala definitivamente en la hoja de ruta del empleo precario y los salarios low cost. En este escenario todavía inestable, es una mala noticia que la tasa de temporalidad esté en Galicia cerca del techo del 30 % y por encima de la media estatal. Lo es que la mejoría de los parámetros económicos se produce con una lentitud exasperante y no llega a toda la sociedad. Y lo es que, por su ínfima calidad, el empleo ya no garantiza poder cubrir las necesidades básicas. La demolición de las clases medias y la aparición de la figura del empleado atrapado en el agujero de la exclusión son el caldo de cultivo de una fractura social que no podemos consentir, contra la que debemos rebelarnos. El retrato del IGE nos alerta del camino que nos queda por recorrer, largo y sembrado de minas, si queremos que la recuperación llegue a todos. Si queremos, en definitiva, que sea real.