El Correo Gallego

Noticia 1 de 1 Opinión » La Quinta

La ‘tasa Martiño’, sin pies ni cabeza

14.02.2018 
A- A+

EXPLORAR UN NUEVO MODELO turístico para Santiago no solo no  es malo, sino que puede ser oportuno. Lo que no tiene pies ni cabeza es intentar imponer ese modelo a las bravas, puenteando a la Xunta –que es la que tiene las competencias– y ninguneando al sector. En eso es    en lo que se empecina Compostela Aberta con la controvertida tasa Martiño, una mala copia, por cierto, de la que Ada Colau implantó en Barcelona y que tiene en pie de guerra a las agencias de viajes. Se trata de un impuesto turístico descafeinado que castigaría solamente a los excursionistas que lleguen a la capital a través de la dársena de autobuses de Xoán XXIII, y que desde el gobierno local disfrazan como un tributo “para contribuír ao mantemento da cidade” (sic). Se escuda Marta Lois, concejala de Turismo, en una explicación que suena a milonga: en el proceso de análisis de la situación del sector participaron más de cincuenta expertos y representantes  vecinales. La realidad nos dice, sin embargo, que la Xunta y los empresarios cuestionan el plan de turismo de Raxoi –discrecional y oneroso  para los visitantes con menos recursos– porque podría tener un efecto búmeran para una ciudad con una ocupación turística que superó a duras penas el 50% el año pasado, muy lejos de esa saturación que solo ve en sus lisérgicas pesadillas el alcalde Noriega. Hablar de gentrificación con estas cifras tan palmariamente mejorables nos parece de traca maraca, por no decir que el modelo mareante roza la turismofobia. Claro que hace aportaciones el famoso Plan Estratéxico: combatir la oferta turística ilegal (aplausos), poner en valor el casco histórico (aplausos), activar foros turísticos en los barrios (aplausos), optimizar el Consello de Turismo (aplausos), desestacionalizar y optimizar los flujos turísticos (aplausos)... Pero en este catálogo  de buenas intenciones para hacer  de Santiago “un destino máis competitivo e de maior calidade” (sic) sobra la tasa Martiño, que huele a  un Juan Palomo con afán exclusivamente recaudatorio, y falta un diálogo fluido y leal con el sector para consensuar ese nuevo modelo turístico. ¿Lo entenderán en Compostela Aberta, o seguirán mareando la perdiz? Los pasos que están dando no auguran, ¡ay!, nada bueno.