El Correo Gallego

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Un ‘caxato’ en el laberinto de la ORA

20.05.2017 
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QUE NOS PERDONE Rubén Cela, pero tiene pocos pies y aún menos cabeza su apoyo in extremis –le llegaba con abstenerse, y quedaría menos retratado– al plan de Compostela Aberta para remunicipalizar la gestión de la grúa y la ORA. Es difícilmente entendible la explicación del experimentado y normalmente sensato portavoz del BNG en Raxoi para justificar su deslucido papel de caxato de las mareas en este laberinto político y legal, y mucho nos tememos que haya dejado boquiabiertos a los santiagueses. Reconocer que el grupo nacionalista –sus dos concejales son decisivos en una corporación devaluada por el esperpento de un grupo socialista incapaz de hacer que su cuarto concejal tome posesión– votó a favor de la iniciativa mareante no por el contenido de la memoria ni por la gestión de Compostela Aberta, sino “por unha cuestión ideolóxica” (sic), es tanto como forzar que la política esté un peldaño por encima de la ley. Un traspiés de grueso calibre el de Rubén Cela, sin duda, que puede acabar por tener consecuencias tanto jurídicas para Raxoi cuanto de imagen para el proyecto nacionalista, con un sólido pero escuálido suelo de dos concejales, e incapaz en las últimas legislaturas y en las encuestas recientes de remontar el vuelo en la vida local capitalina. Porque el caso es que el señor Cela se ha instalado –¿conscientemente?– en una chusca paradoja: critica con contundencia el proceso de remunicipalización y los pasos dados por el equipo del alcalde 2.0, y no oculta sus serias sospechas sobre la inseguridad jurídica de la iniciativa –que comparten y airean, por cierto, populares y socialistas–, pero en el momento de la verdad vota a favor, tapándose la nariz y curándose en salud con el condicionante de que tiene que haber unas garantías jurídicas que también cuestionan distintos informes técnicos. Por no hablar de que esa controvertida remunicipalización tiene todas las papeletas para encarecer las tasas de la ORA y la grúa. Un negocio ruinoso para el peto de los compostelanos, o sea, que en algún momento pedirán responsabilidades al regidor mareante y a su socio Cela. Porque si algo queda claro en este vodevil es que el BNG acepta ser el Sancho Panza de Martiño Noriega a cambio de nada, y mirando hacia otro lado en un proceso lleno de sombras. Mal negocio.