Martes 17.06.2008
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Aunque no le falten razones a Touriño para quejarse de las excesivas prisas de su sucesor, se echó de menos ayer un cierto comedimiento. En definitiva, su comparecencia tras el Consello será una de sus últimas intervenciones públicas en calidad de presidente, y eso exigía tacto, contención y mano izquierda. Es humanamente comprensible que, tras su silencio de estos días, al presidente en funciones le apetezca un desahogo. Pero no era el lugar ni el momento. Eso mismo podría haberlo comentado, con un tono distinto o en otro momento. Los adjetivos descalificativos que salpimentaron sus intervenciones son propios del fragor de una campaña, no de esta fase de interinidad. Que entre Touriño y Feijóo nunca ha existido simpatía, no es ningún secreto a estas alturas. Con todo, los ciudadanos se merecen un traspaso de poderes, si no cordial, al menos correcto. Insistimos: quizá las prisas del líder del PP sean excesivas, pero las palabras de Touriño no son apropiadas. El presidente saliente no puede permitirse esos desahogos.

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