Martes 10.02.2009
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Más que colaborar con los partidos en el reparto de culpas, hay que referirse antes que nada al gran olvidado: el ciudadano. Todos los candidatos apelan a él, lo sitúan en el pedestal de sus preocupaciones, lo invocan para justificar sus políticas, lo convierten en protagonista de su proyecto de país. Sin embargo, lo ignoran en algo tan elemental como la celebración de los debates. Puede más el cálculo miope, las estrategias urdidas por los equipos de campaña, que la responsabilidad hacia el votante. Lo de menos es si el responsable fue Feijóo por rechazar la cita de TVG, o si lo fue Touriño por descartar los cara a cara que proponía el popular como complemento del debate a tres. Lo esencial es que se priva al electorado gallego de la parte más auténtica de una campaña. Los mítines son un sucedáneo al que acude una minoría. Los programas, textos que nadie lee. Es en el debate donde se prueba la valía de cada uno y la solidez de las ideas. Nos quedamos en ayunas una vez más. Habría que pensar en hacerlo obligatorio.

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