Martes 10.02.2009
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Desde el uno de abril no se podrá entrar en la Catedral de Santiago con mochilas ni bolsas voluminosas. Quienes acudan a la ciudad con ellas deberán dejarlas en una consigna o, lo que sería aún más cómodo, en el establecimiento donde tengan pensado pernoctar. En primer lugar, y con los tiempos que corren, es necesario pensar en la seguridad y en el riesgo que supondría dejar entrar a la gente en el templo con unos artilugios en los que puede llegar a caber casi todo, a juzgar por el tamaño de algunas. Y precisamente este espacio, y el tamaño que necesita, es otro de los argumentos a favor de que se queden fuera. Si se va a limitar el acceso a la Basílica, no tendría sentido reducirlo todavía más con unos bultos considerablemente molestos para cualquiera que se mueva en unos metros a la redonda del porteador. Lo dicho, una medida con mucho sentidiño que puede ayudar y mucho a que el Año Santo transcurra de la mejor manera.

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