El Correo Gallego

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EDITORIAL

Un niño, un profesor, un lápiz, un libro

13.01.2018 
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A BUENAS HORAS, mangas verdes, el Gobierno de Mariano Rajoy tomó ayer la decisión de reformar y reactivar el inútil Observatorio de Convivencia Escolar, creado en la era Zapatero para poner coto a la epidemia de acoso en los colegios, y que ostenta el vergonzante récord de haberse reunido tres veces en once años. Sobre los logros del tal observatorio -sobre la ausencia de ellos, en puridad- nos ilustra el estudio que muy oportunamente presentó ayer el CSIF, el sindicato más fuerte en las administraciones públicas, en base a dos mil cuestionarios a profesores de centros de Primaria y Secundaria de todas las autonomías. Lo que aflora en el informe debe preocuparnos como sociedad que apuesta por la convivencia y la tolerancia, y debe sacar los colores a nuestros gobernantes. Algo estamos haciendo rematadamente mal cuando nueve de cada diez profesores conviven en sus centros escolares con peleas, vejaciones y vandalismo, y cuando el 75 % de los docentes confiesa que tiene muy poca o ninguna autoridad. Debería activar todas las alarmas la atmósfera tóxica en la que tienen que ejercer una profesión básica para formar ciudadanos con capacidad de análisis, con criterio propio y educados en valores democráticos; una atmósfera en la que a diario deben soportar amenazas del alumnado y de las familias, falta de respeto y de reconocimiento de la autoritas docente, violencia psicológica y, en suma, situaciones de indefensión. Alerta el CSIF de que ha existido permisividad, de que la sociedad ha aprendido a digerir una violencia de baja intensidad que se ha ido tapando hasta devenir en algo normal. En este escenario tan deplorable, es imprescindible que las administraciones dejen de ponerse de perfil, como si el problema no existiese. Llegó la hora de construir un pacto de Estado en el que se impliquen gobernantes, comunidad educativa y sociedad. Llegó el minuto de gritar ¡basta! a la violencia en las aulas, alto y claro, porque sin profesores valorados y respetados acabaremos por perder la brújula. Dijo Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz en 2014, que un niño, un profesor, un lápiz y un libro pueden cambiar el mundo. No lo harán, ¡ay!, si el cáncer del acoso destruye la convivencia en las aulas.