Martes 10.02.2009
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El símil de la botella, que el optimista ve medio llena y el pesimista medio vacía, sirve para enjuiciar el debate sobre el estado de la Autonomía. Un pesimista recalcitrante se fijaría en las descalificaciones que se propinaron los tres tenores del lance. Hubo, en efecto, momentos duros y reproches de grueso calibre en materia de cajas, decreto del gallego en la enseñanza, políticas sociales, lucha contra el paro y otros. Pachi Vázquez se estrenó con un estilo directo e incisivo. Carlos Aymerich se mantuvo en una línea más académica, pero igual de contundente. Y el presidente volvió a demostrar que en el Parlamento se siente en su terreno. Ninguno de ellos escatimó dureza ni se anduvo con florituras.
Pero tampoco se equivocaría el optimista que haya detectado síntomas esperanzadores de consenso. Resultó muy significativo que casi todas las intervenciones finalizaran con invitaciones al acuerdo. Si Feijóo propuso acordar su amplio abanico de planes, el socialista brindó su apoyo a la reforma del Estatuto y a la consecución de un final feliz para las cajas. Si el presidente reitera que su mano sigue tendida, el nacionalista se esfuerza en dejar puentes abiertos. Haciendo un balance de los mensajes que se enviaron desde la tribuna, podría haber puntos de encuentro en demografía, empleo, políticas sociales, o infraestructuras. Que se concreten o no ya es otro cantar.
En cualquier caso, esa competición para ver quién pronunciaba más la palabra pacto, refleja un ambiente social que traspasa las puertas del Parlamento. A día de hoy, la confrontación pura y dura ya no vende como antes. En tiempos de bonanza, el espectáculo del enfrentamiento tiene su público, o al menos no incomoda. En tiempos de tormenta, las demandas políticas de la gente son muy diferentes. Afortunadamente, los tres protagonistas de la sesión se dieron cuenta y ajustaron sus discursos al clima reinante en el exterior. Los optimistas, en cuya categoría nos incluimos, esperan ahora que esos atisbos cristalicen en negociaciones, y éstas en acuerdos de verdad. Que así sea.

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