Martes 10.02.2009
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El solo anuncio de la visita del Papa ha provocado en la sociedad gallega un sobresalto en positivo, un revulsivo incuestionable en todos los órdenes de gran valor y singular oportunidad. En sólo cuatro días, desde que monseñor Julián Barrio lo anunció oficialmente el pasado miércoles, se ha creado una extraordinaria expectación dentro y fuera de Galicia, incrementada si cabe por estar todo el mundo en la creencia de que este año la Santa Sede no lo había previsto. En primer lugar, hay que agradecer al Santo Padre haber aceptado la invitación que desde todas las instancias, más allá de creencias religiosas, se le hizo y por la sensibilidad mostrada hacia Santiago y el Camino, cuyos simbolismos y significados demuestra conocer perfectamente. En segundo lugar, al arzobispo de Compostela, cuyo papel ha sido determinante para lograr el objetivo.
El Camino de Santiago, a lo largo de la historia, ha sido ruta de peregrinación pero también vía de creación artística e impronta cultural, de riqueza económica que llevó bienestar a los ciudadanos e incluso de fermento de las ideas políticas más avanzadas, las que propiciaron el nacimiento del sistema de convivencia menos malo de los conocidos: la democracia.
Aunque la razón principal es obviamente religiosa, Benedicto XVI es consciente de los otros aspectos de su viaje. Accedió a realizarlo después de conocer la unanimidad en el deseo de tenerlo entre nosotros, ejemplo que deberían asumir todas las instituciones y sectores políticos, económicos, sociales, culturales y ciudadanos en general para desde ahora actuar unidos con el objetivo de lograr que el Jubileo sea un éxito. Desde todos los ámbitos es preciso realizar el máximo esfuerzo para tratar de cambiar el rumbo y dar la vuelta a la crisis. El Papa ayuda en lo espiritual, en el Año Santo, pero los otros aspectos dependen de los demás. Xacobeo, Xunta, Gobierno central y Concello compostelano deben ir de la mano.

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