El Correo Gallego

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Vivir más, sí; vivir mejor, también

12.11.2017 
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TIENE SU LADO OSCURO la excelente noticia de que España ocupa, con Japón, el trono de la longevidad entre los 35 países de la OCDE, el club rico del planeta. Así, al poner la lupa en los datos del informe que acaba de hacer público la Organización Mundial de la Salud, descubrimos que la esperanza de vida de los españoles alcanza ya el techo de los 83 años, pese a incumplir varias de las principales recomendaciones de la OMS: aquí se sigue fumando por encima de la media y también soportamos más sobrepeso, quizás porque, salvo los adolescentes, se practica muy poco deporte. Y no es detalle minúsculo que la media de longevidad suba gracias a las mujeres, cuya esperanza de vida está en 85,8 años,  casi seis más que los hombres. Sin embargo, el gasto sanitario español es mucho menor que el de países  con una peor tasa de longevidad. Creen los expertos que detrás de este pequeño milagro están factores como la dieta y un modelo de vida saludable, el descenso de la mortalidad infantil, la genética y, por supuesto, un excelente sistema público de sanidad. En este escenario, Galicia ocupa el pelotón de cabeza, pero también un reciente estudio del IGE, con datos de 2014, activa alertas que gobernantes y líderes sociales deberían tomarse muy en serio. Ya nadie discute que, a medida que aumenta la longevidad, importa cada vez más  saber cómo y en qué condiciones se vive. Y ahí el optimismo se estanca y aflora, quizás, el duro castigo de los largos años de crisis. En concreto, la media de 83 años que disfrutamos los gallegos se desploma hasta los 61,2 –¡veinte menos!– al medir la esperanza de vida sin padecer limitaciones. Es una realidad a todas luces preocupante en una comunidad con un 30% de su población por encima de los 60 años, que será un 40% en el horizonte de 2030. ¿A dónde nos lleva esto? A recomendar que el blindaje de una sanidad pública de calidad, sin más recortes, y la reforma del sistema de pensiones, para garantizar su sostenibilidad, recuperen protagonismo cuanto antes en la agenda política y sean tratados como asuntos de Estado. Camino de una sociedad gerontocrátrica, la pregunta es obvia: ¿nos merece la pena vivir más si somos incapaces de poner los medios necesarios para vivir mejor? Toca  ponerse las pilas, sin más demora.