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JESÚS VARELA MALLOU

La hibridación en la Universidad

03.02.2008

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El personal docente e investigador de la Universidad tiene el encargo del Ministerio de llevar a cabo una revisión de los planes de estudio, de los contenidos a enseñar y del obligado cambio de rol del profesor y alumno a través de los nuevos créditos europeos ECTS.

La principal directriz de este proceso de renovación es que los alumnos adquieran unas competencias que los capaciten para el ejercicio profesional y después, a partir de dichas competencias, deben decidirse los contenidos y diseñar las herramientas y métodos que faciliten su aprendizaje. Defiendo que dichas competencias profesionales requieren, necesariamente, de hibridación entre áreas de conocimiento. Pero, por otra parte, pienso que la docencia universitaria, las distintas carreras y áreas del saber han caído en un exceso de especialización.

Las facultades, los departamentos y sus áreas están inmersas en un exceso de conocimiento intra-especializado y cerrado en sí mismo que no estoy seguro de que contribuya a resolver el encargo del Ministerio y, sobre todo, la demanda de la sociedad de una manera precisa y eficaz. Propongo el pensamiento híbrido o las actuaciones híbridas como una respuesta a invertir esa tendencia. Propongo más hibridación, con la justa especialización, a la hora de proponer y organizar los contenidos y competencias que un alumno debe de adquirir en tal o cual titulación. Otra cosa distinta es la formación de especialistas en investigación.

En un mundo globalizado, las necesidades de la sociedad (mercado) son cada vez más complejas y sofisticadas pero, por el contrario, el saber está cada vez más microsegmentado y los conductos reglamentarios para adquirir el conocimiento han llegado a saturarse de un profesorado/investigador hiperespecializado que con demasiada frecuencia sólo percibe el problema de forma parcial desde una de las infinitas aristas posibles. Una posible alternativa es la hibridación porque es, intrínsicamente, innovación.

Así pues, la Universidad, a la hora de enfrentarse al diseño de los nuevos planes de estudio, debe de tener presente la hibridación como una de las fórmulas de mayor futuro que, de verdad, le permita adaptarse a los movimientos del entorno, a ese mercado que demanda profesionales (con una formación mínima en su disciplina) pero con la inestimable competencia de ser capaz de enfrentarse al conocimiento desde una aproximación híbrida ante tantas fuentes inconmensurables del conocimiento; pero sobre todo que sepan tener actuaciones híbridas.

Una metáfora esclarecedora sería que existen conceptos claros, muy sólidos y compactos (que serían las piedras talladas por manos diferentes para cubrir un determinado espacio), pero ahora necesitan de esa argamasa que es la hibridación para construir una catedral.

La hibridación es la que nos permite coger lo mejor de cada sector para crear un producto nuevo, una titulación nueva, un postgrado nuevo... Así por ejemplo, en la USC existe un área de conocimiento que es Comercialización e Investigación de Mercado, también existe una titulación cuyo objeto de estudio es el comportamiento humano (la Psicología) y, dentro de ella, áreas que estudian el comportamiento del consumidor; la hibridación sería Psicología Comercial. Otro caso obvio de hibridación y que ya no nos damos cuenta es el taxi: una hibridación entre el transporte público y el privado que nos ofrece las ventajas de ambos. Visto así, parece obvio que la hibridación es uno de los caminos más claros para rentabilizar un conocimiento que ya tenemos. Sin embargo, y siempre desde mi punto de vista, este concepto es muy difícil que se pueda llevar a cabo en el actual modelo universitario excesivamente parcializado y, en consecuencia, con propietarios celosos de compartir ese saber.

Animo a que los gestores universitarios, las comisiones encargadas de diseñar los nuevos planes de estudio, etcétera, a medida que vayan cubriendo las necesidades mínimas de una disciplina, dejen que los híbridos ayuden a cubrir los nuevos máximos que contribuyan a hacer más competitivos, a la vez que versátiles, a nuestros estudiantes; identificando competencias y destrezas incluso para ¿nuevos? escenarios profesionales. Una estrategia posible puede ser la de pensar en un concepto que puede denominarse "los mínimos-máximos de un plan de estudios de una titulación concreta".

El mestizaje como pérdida

Pero esto sólo se conseguiría en la medida en que dentro de la institución y, sobre todo, dentro de cada Facultad, la hibridación comience a valorarse de nuevo positivamente al igual que se hacía en el Renacimiento, donde se valoraba a aquellos capaces de integrar conocimientos más o menos en estado puro –hibridar- y aplicar su punto de vista y experiencia personal para encontrar nuevas respuestas/soluciones a los problemas planteados en un proceso como puede ser el de renovación de los planes de estudios de cada titulación.

Tenemos una Universidad, unas áreas de conocimiento, en las que el mestizaje se ve como una pérdida de las propias esencias ya que lo mejor es estar muy definido respecto a tu entorno u otras áreas de conocimiento. El pensamiento híbrido por parte de la comunidad universitaria a la hora de proponer los nuevos planes de estudio es el único que permitirá hacer frente a esa multinecesidad por parte de los nuevos mercados y profesiones. Multinecesidad imposible de satisfacer desde un solo punto de vista del conocimiento.

Ciencia y mercado

Por último, otra idea que me gustaría introducir es que la hibridación es aplicable también a la investigación. Existe la falsa creencia entre compañeros de que aquellos que optan por vincular su investigación a los problemas reales de la empresa o administración son unos mercenarios que no tienen cabida entre el personal docente e investigador. Pues bien, un pensamiento híbrido también ayudaría a entender que cada vez hay menos distancia entre la innovación científica y la explotación de sus resultados en el mercado y, aunque seas un "científico puro", has de saber cómo, al final, tus ideas pueden convertirse en una oportunidad social
o de negocio.

Ah!, y la Universidad debería de cuidar a sus "investigadores -pegamento" o personas capaces de montar equipos multidisciplinares de especialistas en diferentes materias, coordinadas –hibridadas– a través de estas personas. La Universidad tendría que buscar fórmulas para que no se produzca una prepotencia del conocimiento ¿"propio"?, y crear un proceso de valor por encima de los celos profesionales y las desconfianzas mutuas.

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