Martes 16.03.2010
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| Gervasio Sánchez junto a la directora del Club de Prensa en Galicia |
Un mes de agosto del año 1959 y en la ciudad de Córdoba nacía el periodista Gervasio Sánchez y es desde 1984 cuando decide dedicarse a dar a conocer lo que sucede, se involucra en las historia con su cámara y su pluma. En más de dos decenas de conflictos armados para distintos medios de comunicación, hace suya esa máxima de "una imagen vale más que mil palabras".
Por primera vez son nombres anónimos los que tienen una historia que contar. No son políticos con argumentos vacíos y promesas que saben que no van a cumplir, como él mismo dice: "Pienso que cuando se habla, hay personas que lo hacen sin creer en las palabras que están diciendo. La gente habla por hablar igual que muchas personas preguntan por preguntar. A ver cuándo se le pregunta a nuestro presidente, sobre la venta de armas. A ver si aparece alguna pregunta, no sé por qué, pero, nunca aparece esa pregunta".
En su haber desfilan nombres como Kosovo, Crónica de una Deportación, La Caravana de la Muerte, las víctimas de Pinochet... "Mi primer reportaje sobre la Caravana de la muerte lo publiqué el 17 de mayo de 1987, en el diario español El País".
"Me atreví a decir con el riesgo que asume uno cuando es joven que el escándalo amenaza con salpicar al general Pinochet y luego escuchar: La familia de Pinochet pide clemencia. Pero no nos escucharon cuando nosotras sufríamos". Niños de la Guerra o Vidas Minadas, Sierra Leona, Guerra y paz (E. Blume), Niños Soldados (E. Debate)... son algunos de sus trabajos .Quizás sean estos dos últimos libros los que han marcado la vida de este periodista, Sierra Leona. Y con la muerte de Miguel Gil, el 24 de Mayo de 2004, se encarga de la edición junto a Manu Leguineche de Los Ojos de la Guerra (Plaza&Janes) en donde 70 corresponsales recuerdan a Miguel Gil y a Kurt Schork. Y es Chema Caballero, un joven misionero javeriano uno de sus protagonistas. Regresó a Sierra Leona en abril de 1999 con una clara visión: dirigir un programa de rehabilitación, de acogida y reinserción de niños soldados y guerrilleros. En la fila le esperaba Abubakarr Kallay, un joven de diecisiete años muy violento, cuyo nombre de guerra es
Killer (asesino). Lo primero que hace cuando llega a la habitación es entregarle una bolsa de plástico con un escueto "tengo un regalo para ti". Chema la abre y se encuentra con la calavera del primer hombre que Killer mató.La lleva en su morral desde hace siete años y le sirve de amuleto. Ahora ya no desea presumir de sus fechorías. "Veo al hombre que vende armas, o al que las fabrica o al político con una doble moral, veo el cinismo absoluto y por otra parte también veo lo mejor del ser humano".
Soldados infantiles
"Ese hombre heroico, ese hombre que lucha por su dignidad o a ese hombre que se defiende de la guerra, con una actitud muy bella que hace de contrapeso al hombre brutal, y ahí radica mi compromiso y el trabajo con estas personas". Los soldados infantiles han sido utilizados como escudos humanos antes de ser entrenados como auténticos soldados.
Muchos han sido utilizados como espías para informar sobre los movimientos de las tropas gubernamentales. ¿Y las niñas –nos preguntamos? Casi todas las niñas secuestradas han sido utilizadas como esclavas sexuales por los oficiales y comandantes guerrilleros. "El mundo es injusto y ocurren cosas muy desagradables y creo que a veces en los medios de comunicación es difícil buscar un equilibrio entre lo que yo creo que deberían mostrar y lo que hacen".
A pesar de haber elaborado el Tratado de Ottawa el 3 de Diciembre de 1997, en los ocho últimos años se ha informado sobre cerca de 58.000 nuevas víctimas. Junto a esta cifra, las estimaciones indican que se producen entre 15.000 y 20.000 nuevos accidentes cada año por causa directa de las minas o munición sin explotar, muchos de ellos en países que ya no están en conflicto armado.
Consecuencias de las minas
"Las minas tienen más efectividad cuando la guerra se ha acabado que cuando están en su máximo apogeo, durante la guerra los combatientes utilizan las minas para delimitar fronteras, pero las minas se quedan ahí". En su último libro, Vidas Minadas aparecen 365 personas que nos cuentan su historia. Primero fueron Camboya, Angola, Mozambique, Bosnia, El Salvador y Nicaragua y ahora nos presenta historias nuevas situadas en Iraq, Colombia y Camboya. Sólo en Camboya, hay más de 35.000 personas que han sufrido amputaciones como consecuencias de las minas.A través de sus ojos, Gervasio ha ido una y otra vez a esos lugares en donde ha mantenido una relación de amistad de más de doce años con sus protagonistas, no son víctimas, son personas. "Los periodistas deben de hacer periodismo de gran calidad. El periodismo se ha convertido en un arma, unos para utilizarlo políticamente, otros para comercializar productos y otros para hacerse sus propias carreras meteóricas".
En 2005, la cantidad aportada por los países donantes apenas representó un diez por ciento de la financiación de estos programas. Una cifra insuficiente. ¿Quién no siente compasión por la situación de las víctimas y la obligación de cuidar de ellas como si fueran sus hijos?
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