Sábado 07.02.2009
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Hacía mucho tiempo que no me acordaba de un amigo muy especial, de un personaje que todos y cada uno de los que ahora estáis leyendo este artículo recordáis.
Se trata de un personaje que tiene mucha relevancia en nuestra infancia, pero, por desgracia, con el paso de los años muchas veces permanece en el olvido. Y eso que nos trajo muchísimos regalos? Uno por cada diente, para ser exactos.
Sí, se trata del fantástico Ratoncito Pérez, ese ratón entrañable y querido de la niñez que tantos momentos felices nos regaló justo cuando estábamos "fanados" y más nos costaba mostrar nuestra sonrisa.
Daba igual que mami o papi nos dijeran que estábamos guapísimos, sólo Pérez conseguía que sonriéramos cuando, tras dejarle nuestro dientecito bajo la almohada, amanecíamos con un pequeño regalo? Podían ser cincuenta pesetas, unos caramelos, alguna chocolatina? y aquello sí que era un tesoro.
Los tiempos cambian
El otro día me acordé de él en el colegio en el que trabajo dando clase. Era la hora del recreo, y uno de los alumnos estaba moviéndose insistentemente uno de los dientes con la mano porque decía que estaba a punto de caer.
Yo le dije que no se impacientara, que ya se caería, a lo que él me contestó que tendría que caerse ya. Ante tanta insistencia por tener su diente le dije que cuál era la prisa?
Cuál fue mi sorpresa cuando me contestó que esperaba que esta vez el Ratoncito Pérez le trajera por fin la PSP (videoconsola) porque con el diente anterior, que para más datos era el primero, no se la había traído. Intenté explicarle que Pérez, debido a su pequeño tamaño, no tenía tanta fuerza como para traerle un regalo tan grande. El alumno con una amplia sonrisa me respondió que esa no debía ser la causa, porque le trajo una caja enorme de dinosaurios?
En fin, está visto que los tiempos cambian, sube el valor de las cosas, los intereses son distintos, y todo esto también afecta a la economía de nuestro amiguito el Ratoncito Pérez.
Lástima que cuando uno crece, nuestro amiguito ya no quiere nuestros dientes, que ya no son de leche. Y es que si así fuera, pobre de él, pues tal y como están los tiempos, ya le veía pendiente del Euribor para pagar las letras de nuestras hipotecas.

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