Martes 17.06.2008
Hemeroteca web
|
RSS
La sociedad gallega está siendo sometida a una importante operación de cirugía plástica encaminada a lograr una imagen diferente de la que tiene aprovechando exclusivamente lo que vale de ella y eliminando lo que no conviene. Retoque aquí, retoque allá, ¿conseguirán darle la imagen que debe tener?
Y las palabras del señor Quintana, recogidas en este diario, nos lo confirman. Las galescolas (que pagamos todos, que son públicas) han dado la voz de alarma. Aprovechan la necesidad que tienen los padres de mandar a sus niños a la guardería para empezar a moldear a ¿el gallego 10?
El gallego 10 se siente hijo de la Nazón de Breogán y para ello canta su himno en la escuela, y seguirá cantándolo como buen hijo cuando salga de ella.
Ésta es la operación aumento de pecho: se hincha e hincha de Galicia hasta que no quede sitio para respirar otros aires. Pero como puede que al niño le quede pulmón para sentirse, además de hijo de Galicia, hijo de España (perdón por el taco), hay que seguir interviniendo hasta que este apéndice quede totalmente extirpado y no se reconozca como propio.
Por eso, no se forjará su identidad, no se recogerá su cultura, ni se hablará su idioma. El español queda erradicado de las galescolas (como de todo papel de la Xunta, de las subvenciones al pequeño comercio, a las publicaciones, premios, doctorados, vuelta ciclista,...) allí no será lengua de comunicación, intentando que se convierta en un idioma tan extranjero como otros.
En esta gran operación hay cosas aprovechables (y todo lo aprovechable es ensalzado), como Pondal, Rosalía y Castelao. Eliminamos los españoles porque ésos no coinciden con nuestra figura. ¿Distorsionan nuestra identidad? Fuera con ellos.
Fuera también con los gallegos malditos, que escribían en español, o sea, los que no se dejaron operar y fueron eliminados de la Galiza 10: Valle-Inclán, Torrente Ballester, el Nobel Camilo José Cela, Julio Camba, Wenceslao Fernández Flórez, Emilia Pardo Bazán, y todos los que actualmente siguen sin apostar por una Galicia excluyente.
La extraña forma de este país permite que este intervencionismo ideológico en la escuela sea normal e institucional (pagada con el dinero de todos). Y su figura es, además, asimétrica porque, imagínense ustedes lo aberrante que nos parecerían unas hipotéticas españescuelas, con sus himnos y sus fantoches a vitorear. Sólo el que no quiere ver, no ve la manipulación democrática que está padeciendo la sociedad en general y la escuela en particular.
Creo que la conclusión es obvia: la escuela debe mostrar la pluralidad y riqueza de nuestra cultura, sin himnos ni patriotismos de ningún signo. Y, ¿la identidad? Puff..., cada uno que apande con la suya, que ya es bastante tarea.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
Mensaje a los cabestros: "Así, no"
Pintada ‘sobre mojado’ en Compostela
Ensucian la imagen de un lugar turístico