Domingo 09.03.2008
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Imagínate muy arriba, suspendido en el aire, observando el mundo desde un trapecio. Imagina que en la vida real tienes un poco de vértigo, que a veces sueñas con estructuras imposibles suspendidas en alturas también imposibles, infinitas. Has de caminar y reptar por ellas sin caerte, sintiendo en el estómago algo que no llega a ser miedo, pero que se le parece. Extraños sueños para un trapecista.
Patxi Rodríguez es oscuro y luminoso, cree que todo el mundo alberga un demonio y un rey en su interior, en ocasiones, cuanto más poderoso es ese diablo guardián, con más intensidad brilla ese gran rey. Sin red, sin enganches de seguridad, así es el artista del nuevo circo, una mezcla de acróbata y super atleta, el único trapecista gallego que trabaja profesionalmente aquí, dentro de Galicia.
Tiene treinta años, la piel morena y la risa blanca, sonríe divertido al reconocer que, al margen del trapecio, no le gustan demasiado las alturas. "Cuando digo que lo paso mal si me subo a la Torre de Hércules no me creen, piensan que bromeo, pero es cierto (ríe). Colgado en el trapecio o en las telas, es diferente: sé que tengo mis brazos que no me van a fallar"
Fue el trapecio quien lo encontró a él, se considera un chico con suerte, cree que las cosas (a veces incluso las malas), suceden por alguna razón o motivo. Lo cierto es que se necesita mucha disciplina para recomponer los propios pasos y entregarse a una actividad tan exigente en la preparación física como cualquier deporte de élite.
Después de pasar unos años un poco perdido, sin trabajo estable y sin vocación clara, alguien le sugiere que pruebe a hacer malabares, al principio un número sencillo en las puertas de unos grandes almacenes, más tarde descubre su facilidad para el teatro físico, clown, zancos, acrobacias en el suelo...
Finalmente ingresa con veintiséis años en la escuela madrileña de circo Carampa junto a una docena de chicos y chicas de diferentes partes del mundo, casi todos deportistas de alto nivel, más jóvenes y mejor preparados, así que decide trabajar los aéreos para mejorar su forma física , disciplina en la que enseguida destacará: "Al principio solamente pensaba en hacer un número cómico, no creí que llegaría a hacer un número serio de trapecio, después de un tiempo volví a Coruña y empecé a dar clases en Vilaboa, me puse fuerte y decidí hacer un espectáculo serio con mi compañera Susana".
En estos momentos su compañía de aéreos Almacabra (junto a la también trapecista Susana Moreno y la actriz y cantante Yolanda Paz, dirigidos por Pablo Sánchez) recorre los circuitos profesionales del país con un espectáculo que integra música, danza, teatro y acrobacias en trapecio fijo, telas y aro.
Sensación de plenitud
Cualquier cosa empalidece frente a la sensación de plenitud que Patxi experimenta al estar arriba, sabe que ya no podrá dejar de hacerlo. "Sobre todo si el espectáculo es al aire libre, entonces sientes la música, el viento y el sol en el cuerpo, los sonidos de la calle, la energía de la gente observándote, puedes ver sus caras, oír sus exclamaciones y sus aplausos. Un momento de éxtasis en el que todo cambia, es difícil explicar esa sensación (...) Los sonidos, el tiempo, todo es diferente, yo le llamo " el mundo de arriba". Lo que sé es que no es este Patxi el que está ahí arriba, sin duda es otra persona. Siempre lo disfruto. Me colgaría todos los días. Cuando digo que me encantaría que todo el mundo subiese por un momento al trapecio, lo digo en serio. Para mi, imposible dejarlo".
Un trabajo privilegiado
Reconoce el privilegio y la importancia de ganarse la vida con un trabajo que le apasiona. Su camino, lo tiene claro: si todo viene favorable, continuar estos años con su espectáculo y con las clases que imparte en Vilaboa.
Para ser feliz con mayúsculas, su futuro está en una escuela de circo, la carpa, el carromato (ahora las estupendas autocaravanas), abandonar A Coruña, recorrer el mundo (estar en el camino es el camino), probablemente aceptar una propuesta similar a la de Payasos sin Fronteras: una escuela de nuevo circo en la que convivan niños palestinos y judíos.

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