Martes 17.06.2008
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| Detractores de las corridas de toros se manifiestan a las puertas del Parlament de Cataluña FOTO: Toni Garriga/EFE |
Quizás sólo un genio literario como el de Ramón Mª del Valle-Inclán sería capaz de trazar hoy la crónica social y política de una España en muchos aspectos similar a aquel reino isabelino que él retrató en su ciclo novelesco El Ruedo Ibérico. Ese ruedo ibérico –nombre además de una mítica revista y editorial del exilio español en París– agita hoy los pañuelos en señal de complacencia o censura por la faena del Parlamento catalán, que acaba de aprobar, con 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones, prohibir las corridas de toros en Cataluña a partir del 1 de enero de 2012.
El Parlament daba así luz verde a una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) avalada por 180.000 ciudadanos que pedía abolir las corridas de toros, prohibición que afectará a La Monumental de Barcelona, la única plaza en activo en Cataluña.
El apoyo mayoritario de CiU y de su líder, Artur Mas, a la propuesta, respaldada también por ERC e ICV-EUiA, hizo posible que prosperara esta iniciativa, mientras que el PPC y Ciudadanos han votado en contra, como la mayoría de diputados del grupo del PSC. Pero el debate mayoritario ha trascendido rápidamente el ámbito de la ecología o la moral y ha derivado con rapidez a la arena política. El más explícito en su queja ha sido quizás el parlamentario europeo, Jaime Mayor Oreja. Para el portavoz del PP en Bruselas, la prohibición es "la expresión de la ofensiva nacionalista que viene de Cataluña" y de la "profunda crisis nacional que vive España". Según Oreja, "uno puede decir que es una provocación, una venganza por el éxito de la selección nacional (de fútbol), una manera de vengarse del Tribunal Constitucional. Todas las razones son perfectamente posibles".
El Partido Popular, de hecho, ha sido el más activo defensor de las corridas de toros, impulsando desde las comunidades de Madrid, Valencia y Murcia, que gobierna, la declaración de la Fiesta como Bien de Interés Cultural (BIC).
Medidas como ésta sí son para Rubén Pérez Sueira, portavoz de la plataforma Galicia mellor sen touradas, la mejor prueba de la deriva identitaria del debate. "Nós apelamos á ética e ao respecto aos animais", señala este activista, que critica el interés de los políticos "en apelar a unha identidade ou a outra, segundo lles conveña". Para Pérez Sueira, "do que se fala é de protexer un animal, o touro, que estaba excluído da Lei de Protección dos Animais". Con la modificación aprobada ayer, Cataluña se convierte, despues de Canarias, en la segunda comunidad autónoma que, al ampliar esa protección, proscribe el festejo taurino en un país, cuna del toreo, que no cuenta, en la actualidad, con una Ley Marco de Protección de los Animales.
Galicia torera? El visitante que llegue a Galicia este fin de semana o el siguiente podría pensar que la tradición taurina es una realidad normalizada en nuestra tierra. Corridas de la Feira da Peregrina, en Pontevedra, con un mediático cartel (Enrique Ponce, El Juli, Sebastián Castella, Julio Aparicio, El Cordobés, Fran Rivera Paquirri, El Fandi, Miguel Abellán.) y en A Coruña (El Fandi, Jesulín de Ubrique, Luis Bolívar...). Ambas ferias, coincidentes en el calendario y de rango secundario con respecto a otras plazas españolas, son, sin embargo, la única cita estable de los taurinos de Galicia.
De los dos cosos gallegos en activo, Pontevedra es el de mayor tradición –la fundación de la plaza data de 1900–, como recuerda su gerente Pedro Rivas, que considera "lamentable" la iniciativa catalana. "A los toros no se le obliga a ir a nadie –dice–, ¿por que prohibir a la gente ir a un espectáculo que le gusta", se pregunta Rivas, que también advierte motivaciones políticas en la medida. En el caso concreto de Cataluña, el gerente de la plaza del Lérez opina que la Fiesta, dadas las dificultades para llenar y mantener una plaza como la Monumental de Barcelona, "moriría por consunción". El argumento no convence a Pérez Sueira, de Galicia Mellor Sen Touradas: "A festa dos touros non morrerá por falta de afeccionados, porque na Coruña e en Pontevedra é un espectáculo subvencionado e é esa subvención a que sostén o espectáculo", concluye.

Soy Teo, un gato afortunado en la vida, que siempre ha tenido un hogar, pero que es consciente de que otros muchos animales no han corrido esa suerte.