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La reforma del Senado

BLAS RIVAS  | 04.07.2012 
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HABLA PORTUGÉS, pero también italiano, alemán, danés, surcoreano, incluso gaditano, madrileño… La ruta jacobea que entra en Galicia por Valença do Minho, tras cruzar el viejo puente de hierro, ahora con indumentaria de andamios, y hasta llegar a la Berenguela por Porta Faxeira, adolece de exceso de carretera y polígono industrial. Atraviesa los núcleos urbanos de Tui, O Porriño, Redondela, Arcade, Pontevedra, Caldas y Padrón. Las flechas amarillas, en el suelo o en paredes y muros, son escasamente suficientes, sobre todo en la capital del granito, donde nos perdimos. Ya se lamentaba el prelado Confalonieri, que peregrinó desde Lisboa en 1594. Pero lo penoso es que todos ellos desaprovechan la oportunidad que les brinda la ruta de ser y sentirse más jubilares.
El trazado físico podría estar mucho mejor delimitado, señalizado y, sobre todo, embellecido a su paso por estas villas de diverso tamaño y condición. La catedral tudense, la arquitectura porriñesa de Palacios, los caminos de hierro en el aire de Redondela, la isla trovadoresca de San Simón, el puente romano de Sampaio con sus diez arcadas, la zona antigua de Pontevedra, las burgas caldenses, el Espolón y el Pedrón tras cruzar el Ulla, constituyen referencias visibles que se pueden revestir fácilmente de tradición, música y literatura. No se trata de una cuestión de dinero, sino de imaginación, iniciativa y participación.
Antes de continuar a Santiago, conviene recitar unos versos rosalianos bajo los camelios de su casa-museo. La parada en el camposanto de Iria, bajo el olivo de don Camilo, también merece un rato de lectura en voz de alta de su obra. Después de cruzar o caminar junto a las vías férreas se impone rodear con la mirada el monumental santuario de A Escravitude, con sus recuerdos barrocos de la ya próxima Compostela. Las ciruelas, en esta época del año, se ofrecen tentadoras a los caminantes antes de llegar a los dominios de O Faramello. Robles, castaños, alisos, pinos, eucaliptos y las omnipresentes digitalis purpúreas pueblan el itinerario hasta O Milladoiro, donde el recorrido se vuelve hosco y áspero mientras no se deja atrás la subestación eléctrica y se pasa el puente sobre la autovía de Brión.
El grupo de senderismo de la Asociación de Antiguos Alumnos de la USC dedicó los sábados de junio a hacer el Camino Portugués. Al llegar a la rúa de A Cantaleta, los peregrinos optaron por remontar el Sar y comprobar lo mal que huele y lo abandonado que está bajo el puente de A Rocha, antes de subir por Conxo, cuyos vecinos señalizaron esta alternativa a Santa Marta. El Camino de Santiago es un tesoro que todos debemos cuidar y pisar.

El autor es abogado

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