Martes 16.03.2010
| Actualizado 22.55
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La Carreira Pedestre Popular incrementa su número de participantes y cada año se hace más complicado volver a recuperar el poderío para cualquier atleta, ya no sólo gallego sino nacional, desde que comenzaron a llegar los tanzanos, que fue nuestra primera victoria un tanto exótica.
Entonces, tuvimos que mirar bien el mapa para saber exactamente dónde estaba Tanzania. Hasta allí saltó el prestigio de nuestra carrera y el de El Correo, que situó allí un trofeo. Luego ganaron los kenianos, que son unos auténticos especialistas y antes vivimos también esa bonita pugna que mantenían españoles, gallegos y portugueses. Hay que recordar que estuvo aquí nada menos que una olímpica como Rosa Mota, que ella tendrá el honor de tener un trofeo nuestro y El Correo Gallego tiene un trofeo con su participación y de ganadora en su palmarés de clasificaciones. No es fácil conseguir que una atleta de ese nivel se venga a jugar el prestigio -porque muchos vienen a correr contra sí mismos- y encima, gane.
Llevamos tres años desde que viene Peter Kamais, quien ya rompió la carrera en la rúa de San Pedro, este año lo volvió a intentar aunque a su lado estaban varios compatriotas de alto nivel, pero finalizó tercero. Me fijé especialmente en la portuguesa Leonor Carneiro, que ha rebajado la marca del año pasado y, pese a ello, se ha tenido que conformar también con la tercera posición porque también ha aparecido el poderío de la mujer keniana.
Está demostrado que aquí hay que tener velocidad y fondo, porque esta es una prueba exigente y que además cuando más exige, que es en Vite, viene a corroborar el dicho, que creé y mantengo todavía, que dice que el que gana en Vite gana en la plaza del Obradoiro. El domingo, en cuanto mis compañeros me daban la referencia -aunque iban dos kenianos por detrás, incluso el ganador del año pasado-, ya veía venir que se volvía a repetir la máxima. En cada pedestre, el resto del circuito es para festejarse a sí mismo, haciendo el recorrido bello por nuestro casco histórico.
Parece que hay como un respeto, como en las carreras ciclistas que, el que llega con el maillot a la última etapa, por gentileza, nadie le hace oposición pues ya se le considera ganador
Otra cosa que mantenemos durante todos estos años puede considerarse un milagro. Efectivamente, ahora parece que está cambiando el clima, pero antes, se consideraba un milagro que el último domingo de octubre no lloviera en Santiago. Llevamos 30 ediciones y sólo llovió cuatro veces, y sólo un día, a cántaros, los demás fueron soportables.