Miércoles 26.11.2008
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Santiago| local@elcorreogallego.es | ![]() |
| Andoni Moreta, con su fiel compañero ‘Tao’, a las puertas de este periódico, tras llegar a Compostela FOTO: Fernando Blanco |
Antes del 16 de febrero, Andoni Moreta era un profesor de un instituto bilbaíno de Educación Especial, estaba casado, y con sus tres hijos llevaba una vida normal. Pero ese día una alumna suya con autismo se cayó desde una ventana del aula de su centro, en un primer piso, y quedó en coma. "Cuando ves a una niña de solo 12 años postrada en una cama y sin saber si saldrá adelante te planteas muchas cosas. No soy religioso, pero pensé: Si hay un Dios, tiene que hacer algo y me comprometí a que si salía adelante haría el Camino". Aunque la pequeña sigue en el hospital y ha comenzado a mover los dedos de manos y pies, su pequeña recuperación lo llevó a emprender el Camino de Santiago el 9 de marzo.
Desde entonces no ha parado de caminar. En total, ha recorrido más de ocho mil kilómetros, con una media de unos 40 km al día. Pero a diferencia de otros peregrinos, el reto de Andoni no era solamente llegar a la Catedral compostelana, sino caminar durante un año. Todos los días y con una media de cuarenta kilómetros sobre sus ya gastadas botas. Así ha hecho la Ruta Xacobea de delante a atrás, desde Roncesvalles hasta Fisterra, volviendo hasta el punto de partida... Y así seguirá hasta el 31 de diciembre, en que piensa cruzar la puerta de su casa en Bilbao.
En total ha caminado más de ocho mil kilómetros, el equivalente a la distancia entre España y la India en línea recta. Sus 53 años no le han hecho perder fuerzas, al contrario. "La promesa que hice me dio fuerzas", asegura, aunque también reconoce que "siempre gocé de muy buena salud y de una condición física excelente, ya que practico desde que era muy joven mucho deporte, desde natación hasta boxeo".
Llega a la entrevista acompañado de su perro, Tao, un curioso cruce de pastor belga y lobo que le regalaron durante el trayecto. Ha sido su única compañía en el último mes y medio. "Me gusta caminar solo, en silencio", argumenta, aunque también confiesa que "he encontrado peregrinos estupendos por el Camino. La gente es estupenda, te da lo que sea. Y es de todo tipo, incluso sus motivaciones son múltiples. Me he cruzado desde jóvenes que hacen el Camino por motivos religiosos hasta padres que tienen un hijo con una enfermedad incurable o personas con minusvalías", explica.
Su llegada a Santiago no es un punto de llegada, sino seguir con su promesa. "Hasta el 31 de diciembre continuaré caminando. Ese día llegaré a mi casa y me plantearé mi futuro. Quizá me vaya un par de años a una ONG en Guatemala... No sé. Lo que tengo claro es que no quiero seguir viendo desgracias y no hacer nada. Es hora de arrimar el hombro", asegura Andoni.
"Un pobre no puede hacer la Ruta"
Cuando dejó su tierra natal, Bilbao, Andoni Moreta hizo mano de unos pequeños ahorros para emprender el Camino. Y es que asegura que pese a que se duerma en albergues y haya "mucha gente generosa que te ofrece desde comida hasta un lugar donde guarecerte de la lluvia o el frío, un pobre, desde luego, no puede hacer la Ruta Xacobea".
Detrás ha dejado un sinfín de amigos y muchas anécdotas que quizá se conviertan en un cuento. "Mi idea es hacerlo para los niños especiales, como los llamo yo, como los que tenía en clase, desde con síndrome de Down hasta autistas o discapacitados".
No quiere pensar en lo malo porque su talante es positivo. Sin embargo, este peregrino, que rompe con los tópicos de este perfil, denuncia "que muchas noches tuve que dormir a la intemperie porque no me dejaban dormir en el albergue con el perro". Por el contrario, subraya el gesto de una desconocida que le dio de comer y cincuenta euros .
