Martes 10.02.2009
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En una ocasión, en los años 30, don Ramón del Valle-Inclán precisaba una transfusión urgente. Se ofreció como donante un escritor bisoño, entusiasta de Valle, a lo que este se negó rotundamente. Eran los tiempos en que esta técnica aún era de reciente uso y daba múltiples problemas; aparte de que se hacía de persona a persona, los grupos sanguíneos habían sido descritos por Landsteiner en 1901, y el factor Rh no fue descubierto hasta 1940, o sea que, así las cosas: "Esto de la transfusión, pensaron sus allegados, D. Ramón no lo ve claro". Cual no sería su sorpresa cuando éste, al insistirle, exclamó: "¡No, de ese no, que se me llena la prosa de gerundios!".
Eterno retorno sangriento
Hablando de Valle; releyendo su Corte de los Milagros me vino a la cabeza que, una vez más, en una especie de macabro retorno nietzscheano, vuelve a la carga la Corte de los Milagros abortista. Constituidos en un grupo de sesudos expertos, se reúnen en subcomisión del Congreso de los Diputados, para redactar una nueva ley del aborto.
De los tres supuestos del aborto, según los datos, la auténtica coladera es el de los presuntos riesgos para la salud mental de la madre. Se teme, por ejemplo, que una adolescente estresada atente contra su vida. Pues razón de más para darle apoyo psiquiátrico y no dejarla a su albur. Tuve ocasión de preguntarle al profesor Botella Llusiá, máxima eminencia de la ginecología española del siglo XX, tal extremo; me contestó que jamás, en su largo ejercicio profesional de más de 45 años, se había visto en esta tesitura.
Con la Ciencia hemos topado
Pero, en apoyo de esto, han aparecido los "aguafiestas" de los científicos, el presidente de la Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología trasladó a la subcomisión la declaración de la Sociedad según la cual, refiriéndose a las polémicas 22 semanas: "Cuando se alcance la viabilidad fetal, lo aconsejable médica y éticamente sería la finalización del embarazo con los cuidados correspondientes al parto pretérmino", o sea, tratarlo como a cualquier niño prematuro.
Item más, el presidente de la Sociedad Española de Neonatología manifiesta que en estas circunstancias deberá hacerse la "aborción" con un neonatólogo presente para asistir al feto. No obstante, como es dudoso que, quien ha decidido abortar brinde este "fair play" al nasciturus, nos recuerda la doctrina del Tribunal Constitucional, según la cual: "El derecho de la mujer no puede tener primacía absoluta sobre la vida del nasciturus, dado que ello significaría la desaparición de un bien-la vida-que encarna un valor central en el ordenamiento constitucional". Y, si esto es cierto a las 22 semanas, y aquí está el nudo gordiano del asunto, pues hablamos de un ser vivo "viniente", ¿por qué no lo es a las 21, 20 ó 19, y así sucesivamente?
¡Qué sano es abortar!
¿De verdad alguien se cree que hay algún beneficio para la salud mental de la madre en abortar? ¿No será que se están buscando excusas baratas para engrasar un negocio repugnante que resulta muy lucrativo, como ya se ha visto en el vomitivo caso Morín, por ejemplo? ¿Cómo se consiente que, en la subcomisión de expertos, haya personajes que han tenido intereses en clínicas abortistas? ¿Qué credibilidad tienen estos matarifes? La misma que un nazi en una sinagoga.
Es inconcebible que no se sea capaz de establecer una protección personal, social, laboral y familiar amplias, para que las madres en situación de indefensión puedan tener a sus hijos, verdadera y más importante inversión de futuro de esta Europa envejecida y decadente. Argumentan que nadie desea abortar, pero que las circunstancias pueden obligar a ello. Para evitar que esta falacia continúe calando entre los papanatas acríticos que está formando esta sociedad, embrutecida por el "panem et circenses" de las televisiones y los grupos políticos, sociales y mediáticos, expertos en adoctrinamiento y desinformación; es necesario volcar recursos y esfuerzos de todos para evitar este sangriento holocausto que envilece la condición humana, y es que, como decía don Julián Marías: "La aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en el siglo XX", siglo experto en masacres, por cierto, y añadía: "El máximo desprecio de la vida humana en toda la historia conocida, y a la vez la negación de la condición de persona".
fponte59@hotmail.es
