Martes 10.02.2009
Hemeroteca web
|
RSS
![]() |
| Las colas que se forman ante la Cocina Económica, en la praza Irmán Gómez, son, por desgracia, cada vez más largas |
Desbordados. Así se ven en la Cocina Económica y el albergue de San Francisco para dar un plato caliente y cobijo al cada vez mayor número de personas sin recursos que hacen cola ante estas dos instituciones, que ya no dan abasto. Si hace un año la media de comensales en la primera de las entidades era de unos ochenta usuarios diarios, este último fin de semana alcanzó el triste récord de más de 130 indigentes.
El pasado fin de semana, especialmente duro para los sin techo por el frío que heló Compostela, los fogones de la Cocina Económica trabajaron a tope para dar un plato caliente a 135 usuarios al mediodía, además de los noventa que se juntaron en la cena y los cuarenta del desayuno.
La directora de este comedor social, sor Esther Seoane, asegura que "ya a lo largo del año pasado se rebasó en muchas ocasiones el número medio de comensales. Después hubo un pequeño bajó en Navidad, aunque hemos estrenado 2011 con una avalancha de personas con las que la crisis se ceba especialmente".
Porque no son sólo los sin techo los que recurren a la Cocina Económica, sino también familias, esos pobres vergonzantes que acuden a esta entidad benéfica para poder sobrevivir.
Esther Seoane explica que en estos casos también están notando un "incremento" de familias "que vienen ya con su carrito de la compra y les damos aceite, pasta, arroz, galletas, leche... Productos de primera necesidad que se llevan para hacer la comida en sus casas y no quedar aquí en el comedor, donde además no es el lugar más apropiado para que estén niños".
Esta avalancha in crescendo hace que la responsable de la Cocina Económica haga un llamamiento a las instituciones para "que nos den un local mayor. El comedor se ha quedado pequeño y muchos deben esperar a que los que están sentados comiendo acaben para ocupar sus sitios". Además, tampoco hay sitio para guardar los alimentos que tienen en el almacén.
A necesidad mayor, mayores instalaciones. Ésta es la demanda de sor Esther Soeane, que no olvida a los voluntarios que ayudan a la Cocina Económica, ni los donativos que recibe o los premios, como el recientemente otorgado por el Colegio de Abogados.
"Percibimos que somos una entidad querida y con respaldo social, pero las instituciones deben implicarse más y buscar una solución al problema que tenemos, que cada vez va a más", dice.
Al igual que la Cocina Económica, el albergue de San Francisco también queda pequeño para los indigentes que huyen de dormir al raso. En los últimos meses, las 25 camas que tienen las deben estirar hasta cuarenta, con camas supletorias y colchonetas. El frío y la lluvia son los grandes enemigos de estas personas, que solo pueden estar el centro una semana.
mmera@elcorreogallego.es
1 Voluntarios Sor Esther Seoane subraya la labor que realizan los voluntarios en la Cocina Económica. "Sin ellos no podríamos salir adelante", asegura. Sin embargo, recuerda que el comedor lo llevan las Hijas de la Caridad, y que actualmente solo son cinco, "sobre las que recae mucho trabajo y además no percibimos que vaya a haber un relevo generacional". "Contamos con una treintena de voluntarios, pero muchos solo pueden venir algunas horas y no todos los días de la semana", explica la directora.
2 Jóvenes y jubilados La responsable de la Cocina Económica indica que el voluntariado se reparte entre gente joven y jubilados, "todos ellos muy válidos. Sin ellos nos veríamos muy mal para salir adelante".
3 Perfil En cuanto al perfil de los comensales, asegura que hay muchos más hombres que mujeres, alrededor de un 80 frente a un 20 por ciento. La edad de la mayoría oscila entre los 30 y los 50 años.
4 De paso Fuentes del albergue de San Francisco, el único de Santiago que da cobijo a personas sin hogar, aseguran que "aunque la demanda nos desborda muchas veces, también se da la circunstancia de que Compostela es una ciudad de paso para muchos indigentes. Así, es más fácil dar cabida a más personas, ya que solo pueden estar una semana. De todos modos, por motivos de salud la estancia se puede alargar.
