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doble uso

Biblioteca-dormitorio para indigentes

06.05.2009 Los sin techo buscan refugio en el espacio de lectura Ánxel Casal ·· Además de empaparse de cultura, aprovechan para echarse una siesta o lavar la ropa ·· Lejos de practicar la exclusión social, el centro restringe la entrada con carritos cargados de enseres y quiere eliminar las zonas de sueño

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E.OTERO • SANTIAGO

La Biblioteca Pública Ánxel Casal, en Xoán XXIII, organiza numerosos actos dirigidos a los más pequeños FOTO: Antonio Hernández
La Biblioteca Pública Ánxel Casal, en Xoán XXIII, organiza numerosos actos dirigidos a los más pequeños
FOTO: Antonio Hernández

Ambiente confortable, buena lectura y acceso gratuito. Virtudes que sin duda animan a algún que otro indigente a pasar el día en las instalaciones de la Biblioteca Pública Ánxel Casal. Al centro de Xoán XXIII empiezan a acercarse cada vez con más frecuencia personas sin hogar que, además de empaparse de cultura, aprovechan para echarse una siesta. Cultivar la mente, máxime si se trata de un espacio público, no entiende de discriminaciones, pero en la definición de usos de las instalaciones no aparece el epígrafe rincón para dormitar.

Aunque ninguna placa lo anuncia, la zona de sueño se ha establecido en la planta baja. Los sofás resultan cómodos y, además, el sol entra a raudales a través del enorme telón de cristal de la fachada. Algún tresillo se ha mudado a otra estancia últimamente. En parte porque era necesario reforzar el área infantil, pero también para evitar tentaciones, reconocen fuentes de la Biblioteca Pública Ánxel Casal. Siempre comprensivos, desde el centro admiten que las instalaciones se han convertido en algo así como refugio psicológico para los sin techo, en un espacio de intercambio social...

Pero todo tiene un límite. Lejos de practicar la exclusión social, el servicio de Xoán XXIII restringe la entrada con mochilas o carritos de la compra de grandes dimensiones cargados de enseres y, por supuesto, veta las siestas. Otra prohibición absoluta: hacer la colada. No es la primera vez que alguien intenta lavar unos calcetines en los aseos. Y es que una biblioteca poco tiene que ver con una casa de acogida o un albergue para los más necesitados. Con una tradición de dos siglos a sus espaldas, en los espacios públicos de lectura de los países anglosajones están más que habituados a la presencia de los sin techo. Compostela, que estrenaba su primer centro de gran envergadura hace un año, no ha tardado demasiado en copiar costumbres.

eotero@elcorreogallego.es

LA CRISIS

Centenares de familias en la cuerda floja

La crisis empeora la situación de los sin techo. A Cáritas Interparroquial se le multiplica el trabajo, Cruz Roja no da abasto y la Iglesia reserva más dinero que nunca para fines sociales. El paro se extiende como una lacra y deja a centenares de familias en la cuerda floja. Cerca de 40 personas que hasta ahora no habían necesitado asistencia golpean la puerta de Cáritas cada día. Sólo en el primer trimestre del año, a Cruz Roja se han acercado un centenar de personas con dificultades económicas.

Y la cifra de los sin techo no para de crecer. Buscan cobijo en el albergue de San Francisco y alimento en la Cocina Económica (atiende una media de 140 usuarios cada jornada). Matan el resto del tiempo en las calles de Compostela, en la Biblioteca Pública o en algún otro espacio en el que nadie cobre peaje por existir .

EL DATO

La sobremesa

La Biblioteca Ánxel Casal permanece abierta al público algo más de doce horas. Echar la siesta en los sofás de la planta baja se ha convertido en algo habitual para indigentes y jubilados .

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Audio

La directora de la biblioteca Ánxel Casal confirmaba en Radio Obradoiro que se trata de una situación habitual en todos los centros de este tipo. Karina Fernández explicaba al respecto que a los indigentes se les da el mismo servicio que a los demás usuarios, y se les pide que respeten las normas.

Karina Fernández señala que se trata de casos muy puntuales. También aclara que los indigentes no suponen mayor problema que cualquier otra persona que acude al centro. De hecho, añade, muchas veces se ven en la obligación de llamar la atención a mucha gente que accede a la biblioteca con comida o bebida, o que deja el móvil encendido.

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