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reseña musical

El coro Cantabile, en el Organum Festival

RAMÓN G. BALADO  | 20.10.2009 
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El Compostela Organum Festival prosiguió su temporada, esta vez en el ciclo otoñal tras la sesión que cerraría P. Leguay en la Iglesia de la Compañía en mayo, y contando con el Coro Cantabile que dirige Pablo Carbadillo, asistido por el organista Bruno Forst, director artístico del evento que promueven la Escuela Berenguela con el patrocinio del Consorcio y la colaboración de la Iglesia de San Miguel dos Agros.

Carballido consigue con su formación coral rendimientos apreciables, cuidando el equilibrio delas voces y evitando esos vicios que tanto abundan en errores de concepto y artificiosidades ajenas a los textos abordados. El coro se destaca como agrupación juvenil, estable en lo posible y atento a las participaciones, como podrán serlo Amigos de la Ópera de A Coruña. Forst en la presentación nos adelantaría lo que supuso el descubrimiento del mismo y el proyecto afortunado del registro del Gloria de Vivaldi.

El organista nos ofreció, como pieza de transición, una exultante lectura del Fandango de A. Soler punteado en detalles percusivos por Mercedes Rubio, puente directo al propio Boccherini. Comienzo sobre barroquismos con el himno Zadok the Priest, obra para el lucimiento del coro por sus valores a mayor gloria de Jorge II de un Haendel deslumbrante. J.S. Bach, paradigma del espíritu de canto luterano, no podía faltar como muestra del nivel conseguido por Cantabile y nada más propicio que los muy conocidos movimientos de dos de sus cantatas: Jesús bleibet meine Freude BWV 147 y Gloria sei dir gesungen, a las que precedería el siempre arriesgado Ave Verum Corpus mozartiano, por la acostumbrada tendencia al trato edulcorado en ese motete tan próximo a los débitos italianizantes. Otra sensibilidad manifestarían los salmos de Mendelssohn, ya visibles ciertos elementos que le encuadran en la estética romántica.

También la influencia italianizante se observa en los motetes Laudate Pueri, de los que tuvimos dos. Ocasión para ampliar en esta aproximación al grupo, pues en todas las obras seleccionadas tendrían papel protagonista cantantes que destacarían como solistas. El tercer apartado se otorgaría al romanticismo francés.

La soprano María Lueiro

El Pier Jesu del Requiem Op. 48 de G. Fauré, en el que destacaría la soprano María Lueiro, y el Cantique de Jean Racine, obra de su etapa de estudios con Niedermeyer; caso similar para el panis Angelicus de la Messe Solennelle de C. Frank, con Alberto Miguélez como solista y, en la conclusión, un entusiasta Tollite Hostias del Oratorio de Noel de Camille Saint-Saëns, coronación de una obra que se caracteriza por su sencillez. Quedaba el bis con el que el Coro Cantabile quería agradecer a los asistentes su presencia y para ello nada tan propicio como el Hallelujah del Messiah haendeliano.