Martes 17.06.2008
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| Los fogones de la Cocina Económica aumentaron su actividad frenética desde la llegada de la crisis. FOTO: Ramón Escuredo |
Para muchos jóvenes, estudiar en Santiago es más que un lujo, pero con la crisis la única solución para llegar a fin de mes es comer en la Cocina Económica. Esther Soeane, la directora, asegura que "siempre hemos tenido algún alumno gallego con escasos recursos, pero estamos notando un incremento importante de extranjeros, principalmente de Latinoamérica y de Países del Este, rumanos, en su gran mayoría".
Pero entre los 130 comensales que tienen a diario en esta institución benéfica, no faltan tampoco las familias con niños pequeños.
Aquí es donde la responsable de la Cocina Económica subraya el "conflicto" que supone darles de comer a los más pequeños.
"Es como la pescadilla que se muerde la cola. Son familias, la mayoría rumanos, que no tienen papeles, por lo que su única forma de subsistir es venir aquí en busca de un plato caliente. Sin embargo, nos vemos en la tesitura de que no debemos dar de comer a los niños, ya que cuando vienen deberían estar en la escuela", explica Esther.
La responsable de la entidad añade que, "por una parte, estamos obligadas a dar parte de que hay niños sin escolarizar y, por otro lado, no podemos negarles comida. Desde luego, nuestro comedor no es el lugar más indicado para que estén aquí los pequeños, por lo que les damos una bolsa con bocadillos, yogures y fruta para que las coman después. Sin embargo, muchos ya se quedan en las escaleras de entrada del centro comiendo..."
Esther Seoane asegura que con la crisis el número de comensales no solo ha subido, sino que ha cambiado el perfil. "Viene gente bien vestida, con buena apariencia, cuya presencia nos choca, aunque cada vez menos", comenta.
Otros de los que engrosan la lista de comensales son los peregrinos que llegan a la ciudad sin recursos, casi con lo puesto, tras hacer el Camino echando mano de la caridad y del cobijo de los albergues.
Y es que la actividad es frenética en los fogones de la Cocina Económica que cerrará este año con unos 74.000 servicios, ya que cada día pasan a desayunar unas treinta personas, cifra que aumenta hasta las 139 en las comidas y baja un poco en las cenas, con 90.
Para atender a estas personas sin recursos, la institución cuenta con personal contratado, cuatro personas, otras cuatro hijas de la Caridad y voluntarios.
Esther Seoane, directora de la Cocina Económica
"Nuestro comedor no es el lugar más indicado para que esté un niño, pero no podemos negarles comida"
