Jueves 25.09.2008
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Como ciudadano de Compostela quiero expresar mi solidaridad con José Otero Pombo ante el anuncio de la resolución judicial que ordena el derribo de una edificación que, aparte de bella en sí misma, está llamada a ser un emblema del renacimiento de nuestra ciudad. El Tribunal ordena la demolición de la obra y yo siento que lo que está odenando es cercenar algo de nosotros mismos, una mano, un pie, una base sobre la que podríamos apoyar el esfuerzo común para lograr el renacimineto de una Compostela nueva que se desa-
rrolle acogiendo lo mejor de la vieja Compostela y transformándolo en un escaparate que nos permita ser vistos como conservadores del pa-
trimonio de nuestros ancestros y orientadores de nuestros sucesores, marcándoles la línea que ha de guiar su futuro camino urbanístico.
Un mínimo de sensibilidad debía de ser suficiente para apreciar la aberración que supone el derribo de su obra. Me imagino que cuando Miguel Angel hizo su Moisés, habría algún fraile, inquisidor, que dijo que las venas de la escultura eran eróticas en exceso, o que su David mostraba demasiada natura, pero, sin duda, alguna alta autoridad eclesiástica, por supuesto, le hizo ver que ni las venas ni la natura podían contemplarse sin contemplar la escultura como un todo único que no podría ser cercenada sin grave deterioro del conjunto.
Pero yo lamento enormemente que no haya, en este proceso, aparecido una autoridad superior, política por supuesto, que hubiera puesto en marcha los resortes que la legislación le atribye para, respetando las resoluciones judiciales, conseguir mantener en su integridad el conjunto arquitectónico de Sarela de Abaixo. Creo que nuestros representantes municipales -gobierno y oposición- no han hecho nada para evitarlo. No han informado al pueblo, que en un 90% no sabe de qué estoy hablando, no han promovido visitas guiadas, o sin guiar, al conjunto, no han planteado ninguna iniciativa legislativa al respecto y, en fin, no han protegido nuestro patrimonio arquitectónico como debieran hacerlo los representantes de una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad.
Y los intelectuales, literatos, músicos, actores, artistas, tampoco han promovido ninguna iniciativa para salvar la fábrica. Únicamente puede ser por un motivo: no la conocen, puesto que si la conocieran se encadenarían o la reivindicarían en los Goya o, como antes, en la Plaza Roxa. En fin, desde estas letras quiero hacer un llamamiento a políticos, medios de comunicación, intelectuales, y en general, a Compostela: ¡Salvemos el conjunto arquitectónico con que Otero Pombo y Víctor Cotelo han embellecido nuestra ciudad! ¡Salvemos la fábrica!
