Martes 17.06.2008
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| Los trabajadores de la funeraria introducen el cuerpo sin vida del valenciano para trasladarlo al tanatorio FOTO: antonio hernández |
Poco antes de las siete y media de la tarde de ayer, cuando iba a empezar una de las misas vespertinas de la Catedral, un hombre de 57 años se cayó muerto en el suelo del templo. El individuo, José Manuel Caudet Peris, acababa de subir las escalerillas que permiten a los turistas darle un abrazo al Santo. Y, según dicen los testigos, "tropezó contra un escalón y se cayó al suelo. Se quedó con la cara boca abajo, encharcado en sangre, y muy deshecho". "Oí cómo respiraba profundamente hasta tres veces, y luego se murió", dice uno de los presentes.
No había muchas personas en ese momento en la basílica, pero las pocas que estaban allí trataron de socorrer al malherido. Así, una turista alemana fue la primera en salir disparada en busca de ayuda. Corrió hasta la sacristía de la iglesia, en donde hay un teléfono fijo. Mientras tanto, un matrimonio madrileño llamó con su móvil al servicio de emergencias 112.
Sólo tenía una mochila
La persona fallecida era un hombre oriundo de Ribarroja del Turia, en Valencia. El pasado 3 de abril cumplió 57 años. Presuntamente estaba en Santiago como turista. Se cree que viajaba solo. En el momento de este suceso portaba únicamente una mochila. Los sanitarios del 061 llegaron al lugar del accidente, pero no pudieron hacer nada, pues ya había fallecido.
La Catedral se cerró a cal y canto, se desalojó a todos los fieles y un vigilante jurado no dejaba entrar a nadie. Y es que este fallecimiento obligó a movilizar a un médico forense, al juez de guardia y a un furgón de la Funeraria Apóstol. También estuvieron dentro varios agentes de la Policía Nacional y la Policía Científica, que recogió huellas y muestras del accidente para esclarecer todos los datos de este suceso.
El médico forense, Benito López de Abajo, explicó a este diario que "todo parece indicar que el hombre falleció por causas naturales", aunque el cadáver fue trasladado ayer al tanatorio. Esta mañana se examinará, y a primera hora de la tarde, previsiblemente, ya se podrá decir con seguridad qué produjo exactamente la muerte de José Manuel Cauret: el golpe por la caída, como apuntan los testigos, o un caso de muerte súbita.
"Lo que hemos hecho ahora, en este tiempo dentro de la iglesia, ha sido buscar su identificación para localizar a su familia, mirar qué objetos de valor portaba para ponerlos en salvaguarda y entregárselos a sus parientes, y empezar, también, la investigación médico forense para averiguar por qué murió", explicó el forense justo en el momento que el furgón de la funeraria se llevaba ya el cadáver al tanatorio.
Don Gaiferos y una mujer
Una muerte en la Catedral produce un gran impacto y, por suerte, ocurre con muy poca frecuencia. El primer caso data del año 1137, cuando don Gaiferos de Mormaltán confesó a los pies del Apóstol que llegó para "morrer contento nesta Catedral", y falleció.
También el 8 de septiembre del Año Santo 2004, una mujer italiana, enferma de cáncer de estómago y en fase terminal, cumplió su deseo de venir a morir a Compostela. Cuando presenciaba la Misa del Peregrino, a las doce del mediodía, su cuerpo no resistió los embites de la enfermedad y fue asistida por los voluntarios de la Orden de Malta que en esa fecha tenía una consulta para atender a los peregrinos en el claustro del templo. La mujer no se tenía en pie. El arzobispo de Santiago, monseñor Barrio, que acaba de presidir esa misa, la vio y le dio la extrema unción. Segundos después, según los testigos, esta mujer murió.
"Nadie venía a ayudarnos"
Alguno de los testigos que vieron morir a José Manuel señalan que "la asistencia sanitaria tardó al menos veinte minutos en llegar", como sostiene Lucrecio Rodríguez Argüelles. El 061 no pudo confirmar ayer este dato, pero este testigo dice que estaba junto al Altar Mayor con su niño pequeño cuando ocurrió: "Vi a este hombre sangrando y totalmente deshecho". Una italiana llamó desde la sacristía a Urgencias "y mi mujer avisó al 112 con su móvil. Tuvo que salir de la Catedral porque aquí no tenía cobertura", dice. La esposa de Lucrecio estaba arrodillada en el Sepulcro, justo debajo de la figura del Apóstol, cuando ocurrió el accidente: "Oí tres golpes tremendos, y fui a ver qué había ocurrido". Al parecer, el hombre estaba subiendo las escaleras para abrazar al Apóstol y sólo le quedaban dos escalones cuando tropezó y se golpeó contra el suelo. "Respiró muy fuerte varias veces, y murió" .
Testigo directo del fatal desenlace
El responsable de la Oficina del Peregrino, Genaro Cebrián, se encontraba en la Catedral cuando se produjo el incidente que acabó con la vida de J.M.C.P. Estaba en uno de los confesionarios de la basílica cuando alguien se acercó para notificarle que un visitante se había indispuesto. De inmediato, abandonó el cubículo para asistir a la víctima. Según su relato, varios testigos le practicaron los primeros auxilios, aunque en escasos minutos se personaron en el lugar los equipos sanitarios del 061. Antes de que se produjese el fatal desenlace, Genaro Cebrián salió de la Catedral para dirigirse a la Oficina del Peregrino, situada en la Rúa do Vilar. Desde allí, manifestaba a este diario que desconocía la identidad del fallecido y si se trataba de un caminante que acababa de culminar la Ruta Xacobea.
Protocolo-homenaje del Arzobispado
El Arzobispado de Santiago dispone de un protocolo religioso para homenajear a los viajeros que fallecen durante el periplo xacobeo, independientemente de la ciudad en la que se produzca la defunción. Siempre y cuando se trate de un caminante devoto, el delegado compostelano de Peregrinaciones "suele asistir al entierro", explicaba ayer a este diario el portavoz del Cabildo catedralicio, José Fernández Lago. Además, una vez que la Iglesia constate que el peregrino que pierde la vida cubre la Ruta cumpliendo a pies juntillas el ritual católico, se procede a conceder "la indulgencia plenaria y la gloria celestial".
Aunque a la hora de cierre de esta edición, Fernández Lago todavía desconocía el origen de J.M.C.P., aclaró que en caso de tratarse de un caminante, la propia Catedral podría encargarse de organizar alguna misa en su honor.
