Jueves 25.09.2008
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Nueva visita de Frank Peter Zimmermann esta vez como solista del Concierto para violín en Re M. Op. 77 de J. Brahms, con la Real Filharmonía de Galicia dirigida en el Auditorio por su titular A. Ros Marbá -21 h.-, antes de continuar con la Sinfonía nº 4, en do m. (Trágica) de F. Schubert. Había colaborado el solista en el concierto de clausura de hace un par de temporadas y es el turno para esa obra que grabó con su apreciado W. Asawallisch con la O.F. De Berlín, director con el que sentiría el interés de probar con el doble concierto del hamburgués gozando de la compañía de Henrich Schiff en el violonchelo.
Es Zimmermann músico calificado por su técnica soberana, gracias también a un peculiar sonido conseguido de sus instrumentos de confianza, el Stradivarius de 1706 Ex Dragonetti cedido generosamente por la Westdeutsche Landesbank y el ceremonés que perteneció a F. Kreisler de 1711, dotado de un timbre de curiosa intensidad y con un vibrato de puro nervio, primacía en resultados para el canto spianato resaltando con dominio aspectos articulatorios y con señorío en los pasajes rápidos.
En la evolución del músico, que fascina al tiempo al oyente por su fraseo delicadamente deliniado y el trato de las dobles cuerdas, aparece todo un Arthur Grumiaux, quien encauzaría lo que resultarían sus lecturas de los grandes clásicos de Bach a Mozart; fue en principio su ideal, para conseguir paso a paso esa búsqueda de un ideal y que él mismo definirá como apolínea, clara y sincera.
Brahms en su concierto: si bien es riquísimo en intuiciones desde el punto de vista de la técnica del violinista, lo que acaba inmortalizándolo es el tratamiento de la orquesta. Está efectivamente trazado a partir de los mismo criterios del primero para el teclado, aunque esta obra se entrega a una técnica apabullante por parte del solista aunque el virtuosismo se relegue como un fin.
La Trágica, en do m. D. 417 de Schuber recibirá el título por parte del autor con posterioridad y, aunque sin autentificar, podría haber sido en un concierto en el Gundelhof, bajo ldirección de Otto Hatwig. Mientras trabajaba en ella, Spaun haría llegar a Goethe, en Weimar, una serie de sus composiciones sobre versos del poeta.
