Jueves 25.09.2008
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De nuevo ha quedado patente que las normativas que se dictan por estos lares no sirven para nada, entre otras cosas porque no se hacen cumplir ni se ponen los medios para que la gente vaya entrando en vereda. Así que, otra vez, Compostela amaneció ayer inundada en basura, vómitos, cristales y meadas. Ese fue el panorama que se encontraron quienes, a primeras horas de la mañana, como siempre, pusieron rumbo a sus trabajos tras una noche de ruido infernal y mientras los causantes de la desfeita desfilaban hacia sus casas para dormir la mona.
La movida fue de órdago, y el cabreo vecinal todavía más gordo, pero las quejas volverán otra vez a caer en saco roto. Y es que cuando el desmadre se tolera durante muchos años, luego resulta imposible enderezar la situación. No es cuestión de ponerse a pontificar sobre este tema. Todos tuvimos veinte años y a todos nos pilló la luz del día con la verticalidad alterada, pero la situación en los últimos años ha cambiado radicalmente por infinidad de motivos. El principal es que antes tus padres, por lo general, te corrían a gorrazos y te encerraban de por vida en tu habitación si llegabas a casa más tarde de lo pactado o en un estado lamentable. Hoy, por lo que se ve, a la mayoría de los chavales se la trae floja lo que puedan decir sus viejos si llegan arrastrándose a casa. Y si les importa, lo siguen haciendo. Total, ¿qué pueden hacer contra ellos unos carcamales a los que cada vez se les retiran más potestades incluso con sus hijos menores de edad?
La educación urbana también ha cambiado radicalmente, porque no hace tantos años, cuando todos éramos en teoría menos ecológicos y sostenibles, a casi nadie le daba por dejar tiradas las botellas cuando te reunías a tomar una litrona en un parque. El comportamiento natural era ir a una papelera y dejarlar allí. Hoy, en cambio, parece haber un gustillo in crescendo por la guarrería general, como si hubiese una lucha entre pandillas para ver quién ensucia más, quién grita más y quién es capaz de dejar los parques, plazas y calles céntricas más enmierdadas y destrozadas. Esa es la tropa que hemos adiestrado, no la juventud ecologista y solidaria que nos venden las falseadas encuestas sociológicas.
