Jueves 25.09.2008
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Un Mahler con aperitivo mozartiano en la tarde de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León en el Auditorio y según la calibrada supervisión del colombinao Alejandro Posadas, una relación de frutos con resultados constatables y que viene de largo. Formación y director confirman una empatía y así pudimos verlo por esa Sinfonía nº4 en Sol M. en la que María José Moreno tendría un apreciable compromiso en su Sehr behaglich: Das himmelische Leben (Muy plancentero: vida celestial).
No podemos negar las debilidades por la soprano granadina que tantas funciones gloriosas nos dejó en el Festival Mozart, desde una Amenaide de Trancredi a la Illia de Idomeneo o la rareza también mozartiana de Misericordia en El deber del primer mandamiento, además de la inmarcesible Reina de la Noche, saliendo como capullo en flor de un ingenioso recurso escénico. El propio festival había puesto a su antojo una rareza poco frecuente para Il Barbieri por su aria Ah se é ver che in tal momento, atrevida iniciativa del maestro A.Zedda y que supone una definitiva prueba de resistencia para quien la asuma.
La Moreno curiosamente se había iniciado como mezzo hasta decidirse tras intensa preparación por el rol de lírico-ligera y en ello tendría mucho que decir su maestro Ramón Regidor y es verdad que navega viento en popa por las exigencias del bel canto; así la disfrutamos siempre y en todo momento. Sin ir más lejos, en ese Exsultate, jubilate del salzburgués, encumbrado al delirio como no podía ser menos en el Allegro: Alleluja, puro fuego de artificio al servicio del castrato V. Rauzzini y convenientemente revisada para voz de soprano.
