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Pilar Briones, la centenaria que no prueba el café

Siempre tuvo una salud muy delicada, pero el próximo 24 de enero cumplirá 100 años // Fue catedrática en el instituto Xelmírez y dio clase al doctor Abraldes o a Augusto Villanueva

SANDRA CUIÑA SANTIAGO   | 20.01.2011 
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Ramón Escuredo
La centenaria Pilar Briones Varela en su casa, junto a los retratos de sus padres
FOTO: Ramón Escuredo

¿Quién le iba a decir a Pilar Briones Varela que llegaría a ser una mujer centenaria? Tras una infancia plagada de enfermedades y una salud bastante delicada, la que durante mucho tiempo fuera catedrática del instituto Xelmírez cumplirá 100 años el próximo lunes 24. "Siempre tuve una salud muy delicada, pero nunca me dejé doblegar por las enfermedades. A pesar de mis dolencias, intenté estar activa, como si no me pasase nada. Hubo una época en la que llegué a tomar 13 pastillas al día".

Y es que el espíritu de lucha y sacrificio ha sido la constante de esta mujer, que ha superado multitud de dificultades a lo largo de su vida. La primera de ellas, la muerte de su padre cuando solo tenía 15 años, que la llevó junto a su madre a responsabilizarse de sus doce hermanos, a pesar de que era la séptima y no la mayor. "Siempre tuve un sentido de la responsabilidad muy grande", comenta Pilar.

Y por eso se sobrepuso al fallecimiento de su progenitor y se centró en sus estudios, llegando a cursar la carrera de Letras y convirtiéndose años después en catedrática del Xelmírez, donde entre otros tuvo cómo alumnos a Augusto Villanueva o al doctor Abraldes. Todavía recuerda como si fuera ayer, porque la memoria la tiene intacta, como sus estudiantes la buscaban durante el fin de semana para que les contara curiosidades. "A mis compañeros les llamaba la atención que mis alumnos vinieran a verme fuera de clases. Hay que pensar que estábamos en una época en la que la distancia entre los profesores y sus alumnos era grande, no ocurría como hoy en día. Yo les enseñaba cosas prácticas, que no estaban en los libros, y que despertaban su curiosidad".

Sus alumnos le profesaban un gran cariño, aunque ella es muy consciente de que siempre fue una profesora muy exigente. "Era dura, porque yo soy de las que pienso que si quieres conseguir algo en esta vida te tienes que esforzar". Y ese ha sido el lema que ha regido su existencia. "Nunca he sido una mujer de cafés o de una gran vida social, a pesar de que conocí a grandes intelectuales como Torrente Ballester, Carballo Calero, García Sabell o Antonio Ramos", explica.

Su truco. Por eso cuando se le pregunta por cuál es su secreto para estar a punto de cumplir los 100 años, lo tiene muy claro. "Nunca he tomado alcohol. Ni tampoco café, y además soy una mujer muy poco comedora".

El ejercicio también se encuentra entre sus trucos para estar en forma. "Me gusta mucho caminar. Ahora tengo un poco de dificultad y uso un bastón para apoyarme, pero este verano en la playa aún me di unos cuantos paseos de cuatro kilómetros al día".

Y es que Pilar siempre ha sido una mujer muy activa. "Siempre me gustaba estar ocupada. Podía estar plantando árboles, leyendo un libro o trabajando. Lo importante era tener algo que hacer".

Incluso ahora, que no trabaja y se toma la vida con un poco más de calma, le gusta releer las obras de Antonio Ramos, que guarda en su casa, o repasar su archivo familiar, que es uno de los más amplios de Galicia.

Sangre azul. De hecho, por sus venas corre sangre noble. Su padre, sin ir más lejos, perteneció a la Casa Real de York, del Reino Unido, y uno de sus tatarabuelos, Pero Agar y Bustillo, fue regente de España cuando hicieron prisionero a Godoy, entre 1810 y 1814, y fue uno de los redactores de la Constitución de Cádiz.

Pilar Briones también recuerda que en el sótano de un pazo de su familia se guardaron las cenizas del Apóstol Santiago, cuando el temible pirata Drake amenazaba las costas gallegas.

Precisamente por pertenecer a la nobleza, recuerda con una sonrisa en la boca que recientemente le llegó una misiva del duque de Calabria, que la invitaba a participar en el acto de creación de la aristocracia europea, que se desarrolló en Francia. Pilar no acudió, pero sí estará presente en la celebración íntima que su familia le está preparando por su cumpleaños. "No sé muy bien lo que me van a hacer, pero algo andan organizando".

Seguro que para ese día Pilar se pondrá guapísima, porque no le importa reconocer que es presumida y que le encantan la moda y las joyas. "Me gusta todo lo relacionado con la estética y el arte".

Para ella el mejor regalo sería que le pusieran una placa en el edificio donde vive desde el año 1963. "Me gustaría tener una placa con mi nombre y con el de mis vecinos. Ese sería el mejor regalo que me podrían hacer".

El único pero que le pone Pilar a su longevidad es que "he visto morir a todos mis hermanos, y me he ido quedando sola. Tengo muchos sobrinos, pero viven lejos". Eso sí, el día de su cumpleaños estarán todos con ella para no perderse ese día tan especial.

sregueira@elcorreogallego.es