Martes 02.02.2010
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Manda huevos con los del Icomos, y manda huevos también con quienes ahora defienden que Compostela mantenga "ese carácter rural que se filtra hasta su corazón" -estos chicos asesores de la Unesco, además de estar un poco desfasadillos, son unos cursis insoportables-, como si la capital gallega viviese todavía de plantar grelos o como si por las calles del casco histórico pululasen aún aquellas señoras que vendían leche recién ordeñada en calderos de higiene dudosa. A ver si os ponéis al día, chavalines, y os enteráis de qué va la vaina antes de elaborar informes delirantes que causan especial regocijo, curiosamente, entre quienes parecen sentir envidia de que Santiago haya dejado de ser -lo hizo hace mucho tiempo- una inmensa leira para convertirse no sólo en la capital política y administrativa de Galicia (a ciertos sectores les sigue doliendo), sino también en una ciudad hospitalaria que cautiva cada año a cientos de miles de turistas tanto por los monumentos que atesora como por el buen ambiente universitario, empresarial y ciudadano que se respira en cualquier calle del nuevo tejido urbano. En cambio, ahí siguen los hierbajos de Huertas dando la vara rural en medio de la ciudad, porque los iluminados de siempre impiden construir allí un parque acogedor.
En cuanto a la construcción de un periférico que enlace el casco histórico y el Gaiás, se puede estar o no de acuerdo, y el propio proyecto de la Cidade da Cultura es tan mucho o tan poco criticable como el Gugen, la Ciudad de las Artes o la villa olímpica de Matalascañas, pero es que el informe del Icomos va mucho más allá y sale cantidad por peteneras. Resulta, incluso, insultante por cómo enfoca ciertas críticas, entre ellas la de la cuestionable política de rehabilitación que, según ellos, se está realizando en muchos puntos de la zona monumental, con la "sustitución de la teja tradicional" por otra "de carácter industrial e imagen banal". ¿Dónde están esas tejas banales? ¿De verdad se puede acusar al Consorcio de actuar a la ligera en el casco histórico? Hombre, si Santiago ha recibido infinidad de premios en este sentido, por algo será, y es innegable que la zona vieja presenta ahora un aspecto muchísimo más cuidado que hace 50 años, cuando Santiago tenía ese "carácter rural que se filtra hasta su corazón", y también que hace veinte, diez o cinco.
En resumen: es jodidillo reconocer que los primos del pueblo ya no llevan boina, ¿eh, chavalotes?