Martes 21.05.2013
| Actualizado 09.59
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Si caminar a paso ligero es de por sí un excelente ejercicio físico, los beneficios se incrementan cuando la ruta marcada cuenta con siglos de historia, y el objetivo final, llegar a la meta, es compartido cada año por miles de personas de las más diversas nacionalidades. El camino se convierte así en un confesionario ambulante, dónde se intercambian historias y anécdotas de lo más variadas, dónde algunos aseguran "reencontrarse a sí mismos" y a otros, como mínimo, "les carga las pilas".
Estas virtudes son las que debieron de tener en cuenta, además de los cientos de peregrinos que llegan cada día a Compostela, los jóvenes de la Fundación Síndrome de Down de Madrid.
Culminar la Praza do Obradoiro forma, para ellos, parte de un programa de vacaciones que combina tres vertientes fundamentales para el desarrollo de la autonomía de las personas con discapacidad intelectual, como son el deporte, la cultura y el ocio.
