Lunes 22.03.2010
| Actualizado 09.55
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El teléfono suena menos y en la oficina apenas entra ningún cliente. Las jornadas de infarto, el trabajo de campo para ampliar la red comercial y el ajetreo burocrático para cerrar compra-ventas forman parte del pasado. El estrés de hace un año ha sido sustituido en muchos casos por el "aburrimiento". El panorama es desolador y las perspectivas de recuperación, demasiado inciertas. En Compostela, cerca de una decena de negocios se han visto obligados a echar el cierre en los últimos meses, indican fuentes del sector a este diario. Inmobiliaria Charo cesaba ayer mismo su actividad y se sumaba a esta larga lista. El crack del ladrillo no perdona. Los negocios veteranos aguantan el tirón, pero los que han nacido empujados por el bum constructor están en la cuerda floja. "Los de toda la vida resisten porque también gestionan comunidades o alquileres", explican desde una agencia.
El frenazo empezaba a dar sus golpes más duros el pasado noviembre. Desde entonces muchos despachos soportan el día a día de brazos cruzados. La actividad del sector se congela. Si hace un año el balance mensual se cerraba con entre cuatro y cinco ventas, ahora se conforman con una o ninguna. "A lo mejor hoy por hoy no nos damos cuenta del alcance de la crisis", indica otra inmobiliaria. "Hay grandes promotores en suspensión de pagos", advierten sin dar nombres. "En breve van a aparecer parados debajo de las piedras", lamentan. "Y no sabemos lo que puede durar esto".
El crack no repercute en los precios. "Algo han bajado, pero no lo que se espera la gente", cuentan fuentes del sector. La previsión es que los costes de vivienda de segunda mano se reajusten, algo que seguramente no llegará a producirse en la obra nueva. Pueden ofrecer algún servicio complementario como, por ejemplo, el mobiliario, pero "por una cuestión de prestigio no bajarán precios".
El mercado de alquiler también acusa la crisis. Las ayudas de la Xunta y el Gobierno central han caído como un jarro de agua fría. El ejecutivo autonómico gestiona su propia bolsa de arrendamiento y las inmobiliarias han quedado en un segundo plano. Como contrapartida, los costos se han disparado, ya que los propietarios aprovechan las subvenciones para subir las rentas. "No hay producto... Si no, estaríamos alquilando pisos todos los días", señalan desde las agencias. Lo cierto es que las dificultades para comprar vivienda han incrementado la demanda de arrendamiento.
La agencia Charo cesa su actividad
Inmobiliaria Charo, en la calle Montero Ríos, es una de las últimas víctimas de la sangría del ladrillo. La agencia cerraba ayer mismo sus puertas. "Hay que tener valor para tomar esta decisión. No es fácil. Tienes una cartera estable de clientes, una imagen aceptable... Pero seguir así es consumirse. Me niego", comenta Charo González Figueira a este diario. "¿Dónde están esas ayudas del Gobierno?", se pregunta. Su futuro a partir de ahora es bastante incierto, pero no rechaza volver a intentarlo cuando la crisis firme la tregua.
Vinculada durante siete años al sector, iniciaba su propia aventura empresarial en la calle Montero Ríos en 2006. La caída de las ventas ha sido brutal y su negocio, al igual que tantos otros, no lo ha soportado. "Es muy mala época", asegura, y prefiere irse antes de que el panorama se ponga más negro.