Martes 17.06.2008
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El placentero fin de semana de J.J.C.C. en Barcelona no podía tener un final menos afortunado. Natural de Marín, el joven se desplazó a la Ciudad Condal para pasar un par de días con su pareja, que por motivos laborales reside en Cataluña desde hace escasos meses. Para estirar al máximo la estancia, decidió retrasar el regreso hasta el pasado lunes. Operado por Ryanair, el vuelo tenía prevista su salida de El Prat a las 09.40 horas. El despegue no se produjo, sin embargo, hasta media hora después, relata a este diario J.J.C.C. Algo presagiaba que el viaje estaba gafado. Con el avión prácticamente completo, el aparato emprendía por fin rumbo a Compostela, un trayecto que habitualmente no se prolonga más de una hora y 40 minutos.
Superada la travesía de un extremo a otro de la Península, llegaría el complicado momento del aterrizaje. "Estábamos a punto de tomar tierra, casi tocando la pista y, de repente, el avión ascendió de nuevo bruscamente", cuenta el pasajero todavía preso de los nervios. "Era como una montaña rusa", recuerda. La aeronave se colocó en vertical y recuperó altura de forma violenta: "Juraría que se puso otra vez a 35.000 pies". El pánico se apoderó del pasaje y un grito al unísono asaltó cada recoveco del avión. Por si fuera poco -continúa el afectado- durante la escalada ascendente, el aparato realizó un par de vaivenes repentinos que a más de uno le hicieron pensar que nunca más volverían a ver a los suyos.
"Estaba un poco asustado. Nadie se espera esas maniobras tan bruscas. Es como para no volver a volar", comenta J.J.C.C. Abortado el aterrizaje, el piloto de Ryanair se vio obligado a sobrevolar la ciudad durante al menos media hora a la espera de la autorización de la torre de control. Media hora que, sin embargo, se hizo eterna para todos los viajeros. Por fin, a las 12.45 horas el avión tomaba tierra no sin alguna que otra dificultad. "Le costó bastante frenar", puntualiza el joven de Marín.
Cuando logró detener la aeronave, los pasajeros aplaudieron y se apuraron a recoger sus efectos personales para poner el pie cuanto antes en la terminal. El pilotó -siempre según el testimonio de J.J.C.C.- pidió disculpas y justificó con la escasa visibilidad el estrambótico aterrizaje que, a más de uno, puso los pelos de punta.
Era la primera vez que J.J.C.C. volaba con Ryanair. Les dará, sin embargo, otra oportunidad antes de sumar a la low cost irlandesa a su lista negra. Eso sí, "si me vuelve a pasar algo así, no les compro ni un solo billete más".
Sin peligro. Expertos consultados por este diario advierten que el aterrizaje que realizó Ryanair no resulta en peligroso para el pasaje. Aunque los viajeros se asusten, los pilotos practican este tipo de maniobras en el simulador una y otra vez. Con una pista de tres kilómetros, la longitud sería a priori suficiente para realizar la operación, señalan las mismas fuentes. Pese a todo, insisten en que lo sucedido en Lavacolla el pasado lunes se sale bastante de lo habitual, motivo por el que comprenden el sobresalto de los usuarios.
••• La huelga general en Francia obligó a cancelar ayer cuatro vuelos en el aeropuerto compostelano de Lavacolla y una conexión que debía aterrizar y despegar posteriormente de Vigo. Todos estos vuelos eran de Ryanair. Según la compañía irlandesa, la huelga de servicios públicos en el país galo provocó la cancelación de las conexiones que unen, ida y vuelta, Santiago con Frankfurt–Hahn y Roma, lo que suma cuatro vuelos. Asimismo, se vio afectada una línea (dos vuelos) entre Vigo y París. La huelga en Francia finalizará mañana miércoles.
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