Martes 17.06.2008
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| Dos menores prueban una nueva consola en el salón Xuventude Galicia Net del año 2005 en el Palacio de Congresos de Santiago FOTO: ANTONIO HERNÁNDEZ |
"No me merecéis, sois basura, estiércol, panda de perros. Me gustaría no haberos conocido". Son palabras crudas que pertenecen a una de las cartas con las que un menor se dirigía a sus padres cada noche por debajo de la puerta de la habitación. Había abandonado los estudios y la comunicación con sus progenitores se había reducido a notas amenazantes ("el 3 de junio no estaré en esta casa") en las que de modo totalmente frío, a veces a mano y a veces mecanografiadas, se limitaba a trasladar instrucciones sobre lo único que exigía de ellos, una moto de alta cilindrada. El chico, hijo de profesores, fue uno de los primeros casos de conducta asocial y violenta en menores que trató el pedagogo y criminólogo Vicente Garrido en los inicios de la descripción de un fenómeno hoy bautizado como síndrome del emperador.
Desde 2005, en Galicia se han desarrollado al menos 180 medidas judiciales contra menores denunciados por sus padres, de las que aproximadamente un 30% se canalizan mediante el internamiento y otro 70% bajo fórmulas de libertad vigilada. Es la punta del iceberg, según la subdirección xeral de Menores, de una realidad mucho más amplia. La proporción de hogares que buscan ayuda en la Administración crece año a año. En 2005, los servicios sociales de la comunidad trabajaron con 30 familias arrinconadas por la conducta de sus hijos; en 2008 ya van por los 130 expedientes.
La diferencia frente a conductas desafiantes que pueden ser comprendidas en cualquier menor reside en la repetición: se establece un pulso sistemático, una guerra de poder, según explicó ayer en Santiago el doctor en Psicología, adscrito a la Universidade da Coruña (UDC), Miguel Clemente Díaz. El constante desafío a la autoridad -que el experto aventuró como resultado último de la actitud del padre-amigo que nunca va a imponer nada sino es por la vía del razonamiento- aparece acompañado, en función de los casos, de conductas infantiles, destructivas, mentiras, aprovechamiento emocional de los padres, intimidación (especialmente a los eslabones más débiles, fundamentalmente madre y abuelos), comentarios hirientes y, en los casos más extremos, uso de armas, violación, acoso sexual o vandalismo.
La incidencia de esta tortura doméstica no es mínima. Según los datos aportados por Miguel Clemente, se estima que en la comunidad gallega un 8% de los preadolescentes mantiene este problema de conducta -el 31% en familias monoparentales- y que el 10% llega a agredir físicamente a sus progenitores.
Para el profesor de la UDC, detrás de este perfil se encuentra la influencia de los medios de comunicación de masas, difusores de valores basados en el egoísmo, la falta de empatía, la diversión por encima de todo y la creencia de que todo es fácil y se puede conquistar sin esfuerzo, ideas altamente coincidentes, señaló Miguel Clemente, con la actitud de estos pequeños dictadores.
No obstante, las influencias externas no son tan determinantes en otros sectores de opinión. Vicente Garrido, profesor de la Universidad de Valencia y ex consultor de la ONU en programas frente a la violencia juvenil, mantiene que "el ambiente siempre interacciona con algo" y en estos menores se observa "una forma diferente de percibir las cosas, un sistema nervioso peculiar". Desde edades previas (13-15 años) se puede percibir en ellos un escaso miedo al castigo o a la desaprobación de los padres, un "pobre sentido de la culpa y del remordimiento" y una insensibilidad emocional que les dificulta ponerse en el lugar del otro.
Sin descartar el efecto negativo de una "sociedad tóxica", caracterizada por los valores mediáticos señalados por Miguel Clemente, y sin negar que en la aparición de estas conductas participan errores educativos de los padres, Vicente Garrido aseguró que el problema no reside en la ausencia de normas, sino que, al revés, éstas son la fuente de conflicto. "Un hijo que ha sido permitido en exceso será un inútil, pero querrá a sus progenitores. Aquí, al contrario, desaparece el apego: el menor odia a sus padres", apuntó.
Camuflados bajo un erróneo TDAH
En opinión de Miguel Clemente, del área de Psicoloxía de la Universidade da Coruña, no existe "ningún problema biológico". Es frecuente, denunció, que muchos de estos menores con problemas de conducta sean tratados erróneamente frente a un trastorno de déficit de atención por hiperactividad (TDAH).
Rasgos próximos al perfil psicópata
No obstante, para Vicente Garrido, de la Universidad de Valencia, los menores afectados por el síndrome del emperador y que imponen su tiranía en el hogar presentan rasgos propios de la psicopatía como son la "incapacidad para amar y la ausencia de una conciencia de culpa" .
