Domingo 28.12.2008
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| Cimientos de los diques en forma de ‘Y’, izquierda, y del edificio procesador (de estructura rectangular) que conforman el cuerpo central de la futura terminal de Lavacolla FOTO: Fernando Blanco |
Siguiendo la vieja carretera de Lavacolla y poco antes de llegar a la rotonda que da acceso al aeropuerto, a la derecha se abre una pista que conduce a una nueva macroterminal en ebullición. Detrás del campo de golf todavía en uso y escondido a los pies de la torre de control sin estrenar, aparece un hervidero de camiones, excavadoras y grúas. Entre socavones colosales e ingentes acumulaciones de tierra, se yerguen los pilares que ya dibujan el futuro aeródromo de Santiago. Seis meses han sido suficientes para sentar los cimientos de una base que tendrá capacidad para soportar hasta 27 operaciones cada hora.
Aunque la piqueta se demoraba año y medio, la adjudicataria trabaja contrarreloj para cumplir el calendario comprometido por Fomento: el verano de 2011. En turnos de lunes a domingo - desde las seis de la mañana hasta las cuatro de la madrugada- 180 obreros han logrado acondicionar el terreno y cimentar los edificios en un tiempo récord. Pero la segunda fase de las obras necesita refuerzos y, a partir de esta misma semana, al equipo se suman otros 200 operarios que dispararán la cifra de empleos directos hasta los casi 400, cuenta en declaraciones a este diario Luis Rey Pomar, director del aeropuerto compostelano. Además, a la maquinaria instalada en la zona cero, se añadirán 15 grúas de 40 metros de altura.
Los medios se duplican para acometer uno de los capítulos más duros del proyecto. Durante 2010 se prevé ejecutar la estructura propiamente dicha -pilares y forjados de las diferentes plantas- y los cerramientos exteriores tanto del nuevo edificio terminal (diques y procesador) como del aparcamiento. En esta fase también se levantarán las estructuras habilitadas como soporte de los viales de acceso a las dependencias.
Será en esta segunda etapa -que se prolongará hasta finales de este año- cuando el actual aeropuerto empiece a notar las incidencias de las obras. El ILS bajará de categoría (de III a II) a causa del montaje de 15 grúas. Con 40 metros de altura, su instalación puede afectar a la señal radioléctrica, aunque su repercusión en el tráfico aéreo "es muy difícil de calcular", puntualiza Luis Rey. "Depende de las condiciones meteorológicas", añade.
Al margen del recorte del ILS, las dificultades al final de los trabajos podrían ser mayores. Será entonces cuando haya que acometer los entroques entre las plataformas de la vieja y la nueva terminal, explica. "La gran ventaja -continúa- es que el acceso a las obras se ha establecido en una zona externa al actual aeropuerto. Es independiente".
Más voladuras
Con cinco kilómetros de viales para los accesos y tres cuerpos perfectamente diferenciados (procesador, diques y parquin), en la primera fase se han movido 330.000 metros cúbicos de tierra. El principal escollo se ha encontrado en la zona destinada al aparcamiento. Al tratarse de suelo muy rocoso, ha sido necesario efectuar voladuras controladas. Pese a que en este área ya se han levantado 70.000 metros cúbicos, en los próximos meses será necesario continuar con la extracción de roca. Por este motivo, el perfil de este brazo es el menos visible.
Sin embargo, la planta del edificio procesador ya se intuye. De forma rectangular, su superficie es comparable a la suma de dos campos de fútbol de primera división. Con dos niveles diferenciados -salidas y llegadas-, contará con un hall que en su punto álgido alcanzará 16 metros de altura. Justo detrás, se extiende la base del dique. Con forma de 'Y', el edificio está destinado a embarque, zonas comerciales y servicios de handlig. Entre ambos cuerpos superan los 74.000 m2.
Un techo de 27 vuelos cada hora
Con una inversión de 160 millones de euros, Fomento confía en estrenar el macroaeropuerto de Lavacolla en el verano de 2011. Las obras arrancaban por fin el pasado junio tras un impasse de año y medio a causa del rifirrafe por los terrenos que hasta entonces ocupaba el Aero Club. Con capacidad para 3.200 pasajeros en hora punta -cuatro millones de viajeros por curso- y 27 operaciones cada 60 minutos, el área terminal triplicará las actuales instalaciones. La pista de despegue será la misma y bastará con habilitar accesos a la calle de rodadura desde el complejo en construcción. El futuro del viejo edificio aún no está decidido, pero el Plan Director de Lavacolla propone destinarlo al tráfico low cost .
