Domingo 28.12.2008
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| Las emblemáticas escaleras del viejo edificio de Medicina FOTO: Ramón Escuredo |
Si hay una carrera que enciende los deseos de casi todas las universidades, esa es Medicina. Y en esto Galicia no es una isla, sino más bien todo un paradigma. Tras dejar la Universidade de Santiago de Compostela (USC) de ser la única de Galicia, las reclamaciones para su duplicación se han replicado periódicamente en Vigo y, sobre todo A Coruña. El primer rector de la universidad coruñesa (UDC), José Luis Meilán Gil, hizo de la reivindicación del llamado segundo ciclo de Medicina (los tres últimos cursos) una de sus batallas más intensas, en la que siempre contó con el apoyo del Ayuntamiento de A Coruña.
Aunque la segregación universitaria se caracterizó por una duplicación e incluso triplicación de carreras en distintos puntos de Galicia que ahora es objeto de lamentos, Medicina mantuvo su exclusividad.
El férreo control tiene su sentido. Los estudios de Medicina tienen una consideración especial porque de ellos dependen la dotación de los sanitarios del futuro y porque una vez concluidos estos estudios quien quiera ejercer debe tener garantizada una plaza en los hospitales para adquirir una especialidad, a través del sistema MIR.
De hecho, cada año comunidades y gobierno central acuerdan los números clausus de esta carrera en cada facultad, algo que no sucede en ningún otro caso.
A esto hay que añadir su elevado coste. Como moneda de cambio en disputas localistas, ha sido habitualmente asumido costear sin reparos una carrera de otro tipo, pero cuando se habla de Medicina las inversiones y las garantías de calidad se disparan. De hecho, varias peticiones privadas de apertura de nuevas facultades han sido rechazadas en los últimos años.
En contraste con estas exigencias, esta es una de las carreras más deseadas. Es la titulación con más demanda y, hasta ahora, tras dejar atrás la enorme bolsa de paro de los 80, una de las de mayor inserción laboral.
Las expectativas de jubilación de un buen número de facultativos a 10 años vista, y también una esperable mayor necesidad de más médicos en el futuro, ha provocado en los últimos cinco años un alza espectacular de sus números clausus, de casi un 40% en Santiago, que cada vez más se augura como algo temporal.
Aprovechando esta conyuntura, la UDC ha resucitado su reivindicación del 2º ciclo de Medicina, apelando además al concierto que mantiene con el complejo hospitalario coruñés (Chuac), el que le otorga a este la u de universitario. Esta visión patrimonialista de recursos del Sergas la ha esgrimido como baza para reclamar la adscripción de los médicos docentes del Chuac que se hacen cargo de parte del alumnado de Medicina. Al menos a nivel administrativo, lo ha conseguido en el pacto firmado la semana pasada.
¿Pero debe la USC compartir de algún modo profesores con otra universidad para poder usar cualquier hospital del Sergas en beneficio de la formación de los futuros médicos? En la facultad de Santiago el decanato y todos los directores de departamentos tienen claro que no, por mucho que el polémico acuerdo rece por otra parte que la USC es "única responsable do grao en Medicina".
Y mientras sigue el ruido y A Coruña insiste en reclamar facultad propia, la casi centenaria de la USC sigue esperando por un nuevo edificio junto al Clínico que la releve. Faltan recursos económicos que la hagan realidad, pero pese a su perentoria necesidad, el pacto Xunta-universidad para hacerla realidad sigue siendo una entelequia.
