Domingo 28.12.2008
Hemeroteca web
|
RSS
![]() |
| Amos y vasallos del hip hop, desde una congregación en Ourense |
Tribus ocultas cerca del río esperando a que caiga la noche. La ley de la calle impera en los ritos de la cultura juvenil. Aunque con clara disminución de la comunicación verbal. Se salvan con creces los hip hoperos, dandies del asfalto con estética homeless. Con el piquito dorado de un Oscar Wilde, pero el uniforme de un deshollinador en Londres-1878.
Ellos se expresan a golpe de rap, con una conciencia más cívica que sus homólogos norteamericanos. Y regresando a la mejor libertad de expresión de los romanos: plagando los muros de gritos de guerra. En una ciudad naval y castrense como Ferrol, el viejo muro que rodea el Arsenal Militar se encuentra bañado en technicolor grafito. Aunque los recintos audiovisuales sobrepasan a los verbales: pubs y discotecas sustituyen a los cafés de debate. Las tribus impactan por la vista y cada una busca esa diferenciación: en una galopada hacia delante iniciada en los años 60. Como destacan Filgueira, Dies, Sánchez, Méndez y Lamas, "pasamos de los textos humanistas del folk a los gritos punk". Según Fouce, "ahora todo pasa por la sociedad de consumo, aunque siempre buscando la pertenencia al grupo". Y con especial incidencia "en un adolescente que busca su identidad".
Un auténtico tour de force donde "los valores se ajustan a los tiempos que corren". Fouce recuerda que "las tribus ya empezaron en la Edad Media, con sus estéticas y logos, con sus ideas contracorriente". Nuestros antepasados se iniciaban en misterios religiosos, pintando cuevas, consumiendo peyote y acometiendo ritos de fertilidad. Ahora los chicos se inician en las drogas, el sexo, la música y el rock. Salvajes invasiones de mundos desconocidos, en constante supervivencia "frente a la adversidad y amenazas del caótico entorno natural", según Filgueira. Al final, sólo se trata de escapar del lobo.
